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Opinión

Estirar el tiempo

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César Peña *

Coloquialmente, cuando nos referimos a “estirar el tiempo”, nos referimos a aprovecharlo de manera organizada para que podamos hacer más cosas en el mismo lapso, aunque desde la óptica de la ciencia, podría servirnos para que todo fuese más duradero como la vida misma.
Sabemos que fue la curvatura del espacio-tiempo la que dio lugar a nuestra realidad pasando de un modelo unidimensional a uno tridimensional donde las cosas ya no fueron planas, sino que tuvieron fondo y altura, creando con ello, objetos nunca concebidos de entre los que aparecieron las galaxias, estrellas y planetas y más tarde, un animal que pudo caminar y pensar: el ser humano.
Sin embargo, “estirar el tiempo” ya no sólo es una posibilidad; para la física es posible hacerlo en lo que se llama dilatación del tiempo que considera que es posible hacerlo por velocidad que se refiere que cuanto más rápido te desplazas respecto a un observador, más lentamente transcurre tu tiempo respecto al suyo.
Si viajaras a una velocidad cercana a la de la luz, podrías experimentar unos cuantos años mientras en la Tierra transcurren décadas o siglos.
El otro método es a través de la gravedad: cuanto más intenso es el campo gravitatorio, más lentamente transcurre el tiempo. Un reloj cerca de un agujero negro avanzaría más despacio que uno situado lejos de él. Hoy sabemos que los campos gravitatorios pueden ser tan intensos que lograr hasta curvar la luz.
Ambos métodos lograrían cambiar no sólo la percepción del tiempo, sino que en realidad no harían posible, haciendo nuestra dimensión más maleable de lo que pensamos.
La otra alternativa para ampliar la vida es desde luego la alteración del reloj biológico contenido en el ADN de todo ser vivo que le da instrucciones a las células de cuándo dejar de reproducirse e iniciar el proceso de envejecimiento y muerte. La alteración de este instructivo vía manipulación genética, puede hacer la vida más amplia y en el sueño de muchos, lograr la inmortalidad.
Lograr más tiempo es una fórmula que desde luego para los seres finitos se antoja muy deseable, sin embargo, el tiempo, como lo dijo Einstein, es algo relativo si lo consideramos bajo las actuales reglas. Tomemos por ejemplo, el ciclo vital de una mosca, la de un ser humano y el tiburón de Groenlandia.
Mientras para la mosca, que vive apenas entre 15 y 30 días en los que nace, crece, se reproduce y muere, mientras que para un humano, con la actual esperanza de vida, puede llegar hasta los 80 o quizá hasta un siglo, que resultan discretos en comparación con los casi 500 años que puede vivir un tiburón de Groenlandia.
Así, la vida se reduce a la velocidad de la experiencia, la motricidad y la madurez dictada por las propias células que revelan ciclos diferentes. Mientras a nosotros nos parecen breves días la existencia de la mosca, para ellas, son toda una vida que no debe desaprovechar, porque quizá sin conciencia, es todo lo que tiene.
De ello se desprende la singularidad de las acciones, el querer “estirar” por métodos artificiales lo que la naturaleza tiene contemplado, aunque el ser humano ha roto esas fronteras y está en pos de avanzar evolutivamente hablando con la manipulación y control de los límites escritos en el ADN.

  • Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.
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