Paradigma

Alemania alerta por espionaje chino en universidades

Alemania ha intensificado sus alertas ante las sospechas de que los servicios de inteligencia de China buscan acceder a investigaciones científicas, conocimientos tecnológicos e información estratégica mediante contactos en universidades y centros de investigación. Las autoridades advierten que estas actividades podrían comprometer sectores fundamentales para la seguridad y la competitividad económica del país.

Uno de los casos que ha despertado preocupación involucra al Centro Helmholtz para la Seguridad de la Información (CISPA), ubicado en Saarbrücken, donde se desarrollan investigaciones sobre inteligencia artificial, protección de datos y ciberseguridad.

La institución reconoció deficiencias en sus procedimientos de selección de personal científico después de que trascendieran sospechas sobre investigadores que habrían mantenido vínculos con universidades relacionadas con el Ejército chino.

La embajada de China en Alemania rechazó las acusaciones y las calificó de infundadas. Sin embargo, el episodio ha vuelto a poner sobre la mesa los riesgos de la cooperación académica cuando involucra tecnologías que pueden tener aplicaciones civiles y militares.

Científicos y académicos, entre los objetivos del espionaje

Los servicios de inteligencia chinos recurrirían a diferentes mecanismos para obtener información de instituciones alemanas. Según especialistas en seguridad, una de las estrategias consiste en establecer relaciones con investigadores, estudiantes de doctorado, becarios y académicos invitados.

En lugar de depender exclusivamente de agentes identificados como funcionarios de inteligencia, estas operaciones pueden apoyarse en intermediarios que facilitan el acceso a universidades, laboratorios y empresas tecnológicas.

El experto Luca Manns, director de la Oficina de Investigación sobre Servicios de Inteligencia de la Universidad de Colonia, advierte que prácticamente cualquier persona vinculada con la ciencia o la economía puede convertirse en un objetivo potencial.

Entre los antecedentes recientes figura la detención, en mayo, de dos personas de origen chino en Múnich. La pareja es sospechosa de haber trabajado para los servicios de inteligencia de China y de intentar establecer contactos con investigadores y universidades alemanas.

De acuerdo con las investigaciones, ambos habrían utilizado distintas identidades profesionales para acercarse a científicos y facilitar viajes a China. Algunos investigadores alemanes terminaron impartiendo conferencias ante empleados de empresas estatales vinculadas con la industria armamentística.

El propósito habría sido obtener conocimientos sobre tecnologías avanzadas susceptibles de utilización militar.

Exfuncionarios y científicos también estarían en la mira

Las sospechas de espionaje no se limitan al ámbito universitario. También alcanzan a antiguos responsables políticos, funcionarios y personas que han ocupado puestos de relevancia en instituciones públicas.

Uno de los casos mencionados es el de August Hanning, antiguo director del Servicio Federal de Inteligencia alemán (BND), detenido a comienzos de octubre por sospechas de haber compartido información confidencial con una persona vinculada a los servicios secretos chinos. La Fiscalía Federal investiga el caso por presunto intento de alta traición.

Otro antecedente es el de Jian G., antiguo colaborador del eurodiputado alemán Maximilian Krah, del partido Alternativa para Alemania (AfD).

El Tribunal Superior Regional de Dresde lo condenó a cuatro años y nueve meses de prisión por espionaje para China. Según la sentencia, recopiló información confidencial entre 2019 y 2024 y también obtuvo datos sobre disidentes chinos y dirigentes de AfD.

Estos episodios reflejan la preocupación de Berlín por las posibles vías de acceso a información sensible, tanto dentro de las instituciones científicas como en los círculos políticos.

El robo de investigaciones amenaza la innovación alemana

Uno de los principales riesgos identificados por los especialistas es la transferencia no autorizada de conocimientos científicos y desarrollos tecnológicos.

Manns explica que algunas instituciones pueden descubrir que una patente que estaban preparando ya ha sido registrada previamente en China. En determinados casos, las sospechas apuntan a filtraciones de información por parte de antiguos investigadores invitados o a ataques informáticos.

Alemania considera especialmente sensibles los avances relacionados con inteligencia artificial, semiconductores, tecnología cuántica y ciberseguridad, debido a su importancia económica y estratégica.

China, por su parte, mantiene el objetivo de consolidarse como una potencia tecnológica mundial de cara al centenario de la fundación de la República Popular, en 2049.

En este contexto, la obtención de conocimiento científico extranjero puede representar una ventaja en la competencia internacional.

Los Institutos Confucio generan preocupación en las universidades

Otro aspecto que ha llamado la atención de las autoridades alemanas es la presencia de los Institutos Confucio en el entorno académico.

Estos centros, creados para promover la enseñanza del idioma chino y difundir su cultura, funcionan mediante acuerdos entre universidades locales e instituciones educativas de China.

Sin embargo, un informe de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución advierte que estas estructuras también podrían utilizarse para influir en el debate universitario y limitar actividades críticas hacia el Gobierno de Pekín.

El especialista Luca Manns señala que su integración en instituciones académicas puede ofrecer una cobertura legítima para establecer contactos y recopilar información sobre investigadores, profesores y personas críticas con las políticas chinas.

En Alemania llegaron a operar alrededor de 19 Institutos Confucio. Algunas universidades, entre ellas las de Hamburgo, Düsseldorf y Fráncfort, han decidido terminar sus acuerdos de colaboración.

Las preocupaciones también incluyen posibles acciones de intimidación contra ciudadanos chinos residentes en Alemania, especialmente personas exiliadas o investigadores críticos con el Gobierno de su país.

Berlín endurece los controles sobre investigadores chinos

Ante estos riesgos, el Gobierno alemán ha comenzado a reforzar los procedimientos de revisión para las personas que solicitan permisos de estancia con fines académicos y científicos.

Durante 2025, las autoridades rechazaron alrededor de 200 solicitudes de investigadores y científicos chinos, mientras que aprobaron aproximadamente 2.100, según datos difundidos por la cadena alemana WDR.

En el ámbito estudiantil también se registraron cerca de 200 negativas, frente a unas 9.000 solicitudes presentadas.

Además, el Ejecutivo puso en marcha una Plataforma Nacional para la Seguridad en la Investigación, destinada a asesorar a universidades y centros científicos sobre posibles amenazas, evaluar riesgos y establecer medidas preventivas.

La ministra de Investigación, Tecnología y Espacio, Dorothee Bär, defendió la necesidad de proteger los avances científicos para evitar que terminen en manos equivocadas, aunque subrayó que la libertad académica debe seguir siendo un principio fundamental.

Alemania busca proteger su tecnología sin cerrar la cooperación científica

Pese a las advertencias, los especialistas consideran que romper completamente los vínculos académicos con China sería una respuesta desproporcionada.

Alemania también obtiene beneficios de la colaboración internacional y reconoce que el país asiático cuenta con capacidades avanzadas en distintos campos científicos y tecnológicos.

El desafío consiste en establecer controles de seguridad más rigurosos antes de iniciar proyectos conjuntos, identificar posibles conflictos de intereses y proteger los resultados de investigaciones estratégicas.

Konstantin von Notz, vicepresidente del órgano parlamentario encargado de supervisar los servicios de inteligencia alemanes, considera que las universidades y centros científicos deben tomarse más en serio las advertencias sobre espionaje extranjero.

A su juicio, las instituciones que trabajan con inteligencia artificial, semiconductores, tecnologías cuánticas y ciberseguridad necesitan reforzar sus mecanismos de protección y revisar incluso los acuerdos de investigación que ya están en marcha.

Alemania enfrenta así un desafío complejo: preservar su apertura científica y sus relaciones internacionales sin exponer conocimientos que podrían comprometer su seguridad nacional y su posición tecnológica.

Salir de la versión móvil