El uso de la tecnología, específicamente los celulares de pandemia a la actualidad, se han convertido en una herramienta recurrente en la educación hoy en día. Es cierto que durante este periodo crítico fue un gran apoyo, por ejemplo, para favorecer la comunicación entre alumnos, docentes, padres de familia mediante los chats grupales, sin embargo, desde que se regresó a la “nueva normalidad” podríamos preguntarnos, si sigue siendo realmente necesario su uso, dentro del salón de clases.
Es verdad que la tecnología aplicada de manera RESPONSABLE, aporta cosas maravillosas al proceso, pero cuando se deja de lado el concepto “herramienta” volviéndose en “indispensable”, puede convertirse en un enemigo real de la educación. Mantener activa la neuroplasticidad cerebral es importante para la salud y aprendizaje del estudiante, la escritura a mano, la lectura en físico, asistir a una biblioteca e investigar, trabajo en equipo, la atención focalizada sin depender del celular todo el tiempo (el cerebro no puede prestar atención a dos estímulos al mismo tiempo), es muy importante para el verdadero aprendizaje, sin dejar de lado, el estrés que actualmente viven los estudiantes por recibir a todas horas mensajes grupales, correos, información fuera de horario de clases.
Volver a las antiguas rutinas en el proceso enseñanza aprendizaje, mejoraría notoriamente la capacidad del estudiante para resolver problemas cotidianos, aumentaría su tolerancia a la frustración, se adaptarían con mayor facilidad a distintos contextos, prestarían más atención a enriquecer sus relaciones interpersonales, porque recordemos que la educación debe ser integral y no limitarse solamente a la adquisición de información para después no saber que hacer con ella fuera del aula de clases. Así que deberíamos preguntarnos, si el uso de celulares dentro del aula de clases realmente favorece el aprendizaje o solo modifica el sistema de recompensa llevándolos a normalizar la inmediatez.
