Paradigma

¿Celular fuera de la escuela? Revisemos pros y contras del nuevo decálogo digital

Rosalía Guerrero Escudero

¿Puede una escuela enseñar a niñas y niños a convivir con la tecnología… precisamente pidiéndoles que apaguen el celular? Esta es una de las preguntas que abre el debate alrededor del Acuerdo número 09/09/26, publicado en el Diario Oficial de la Federación, que establece condiciones para el uso responsable y seguro de dispositivos digitales en las escuelas del Sistema Educativo Nacional.

Para educación básica, el Acuerdo restringe el uso de celulares y dispositivos personales durante toda la jornada escolar, con excepciones como actividades pedagógicas previamente programadas, emergencias, necesidades de salud, discapacidad, accesibilidad e inclusión.

El Decálogo de Educación Básica plantea una idea sencilla: durante la escuela, el celular no debe ocupar el centro de la experiencia educativa. Por ello, propone poner atención en clase, descansar de las pantallas, recuperar juegos y deportes, leer y escribir con materiales físicos, convivir presencialmente y acudir al personal docente ante una emergencia. También incorpora aspectos fundamentales de ciudadanía digital: respetar el cuerpo y la privacidad de otras personas, no compartir imágenes sin consentimiento y evitar el bullying y la discriminación.

¿Qué ventajas podemos destacar? Una fortaleza del decálogo es que no presenta la tecnología como enemiga, sino que intenta establecer cuándo y para qué utilizarla. Reconoce que los dispositivos pueden ser herramientas útiles para el aprendizaje cuando existe una finalidad pedagógica, pero advierte sobre los efectos de su uso inadecuado, excesivo o no regulado en la atención, concentración, interacción y aprovechamiento académico.

También resulta relevante que la propuesta busque recuperar espacios de convivencia cara a cara. La consulta nacional citada por la SEP, realizada entre figuras educativas, reportó dificultades de atención, memoria, interacción presencial y actividad física asociadas por quienes respondieron con el uso de dispositivos digitales.

Pero también hay retos. El principal desafío será evitar que “regular” termine significando solamente “prohibir”. Una generación que vive rodeada de pantallas necesita aprender a desconectarse, pero también necesita aprender a utilizarlas críticamente: verificar información, proteger sus datos, reconocer riesgos y comprender cómo funcionan los entornos digitales.

Otro reto es que no todas las escuelas, ni todos los estudiantes, tienen las mismas condiciones. Hay diferencias de conectividad, infraestructura, contextos familiares y necesidades educativas. Por eso el Acuerdo contempla que las comunidades escolares puedan construir acuerdos y realizar ajustes según sus propias realidades.

Además, la implementación no puede recaer únicamente en niñas, niños, adolescentes y docentes. El documento plantea una corresponsabilidad entre autoridades, escuelas, estudiantes y familias, y privilegia un enfoque formativo y preventivo por encima de uno exclusivamente restrictivo o punitivo.

Quizá el verdadero desafío no sea decidir si el uso del celular es bueno o malo para la escuela. La pregunta más importante es: ¿cómo enseñamos a niñas, niños y jóvenes a decidir cuándo conectarse, cuándo desconectarse y, sobre todo, para qué utilizar la tecnología?

Porque educar en la era digital no consiste únicamente en apagar las pantallas. También significa aprender a vivir con ellas sin que ellas decidan cómo aprendemos, convivimos y pensamos.

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