César Peña *
La posición del capitalismo ante la crisis ambiental ha sido siempre la ambigüedad; no le interesa el aumento de temperaturas, la elevación del nivel del mar, la destrucción del hábitat de miles de especies de flora y fauna ni nada de lo que vivimos desde la última década que pasan a ser meras anécdotas propias de Convenciones climáticas y encuentros globales.
Lo anterior lo afirmo en función de lo que hacen las principales empresas transnacionales, tanto de Estados Unidos como de Europa, que dicen estar interesadas en ayudar a cuidar y atender el medio ambiente son las mismas que en la práctica son despiadadas, brutales, sin conciencia ni freno alguno contra los recursos, comenzando por los humanos.
Desde hace décadas, por poner un ejemplo, Nestlé ha estado en el ojo del huracán por utilizar mano de obra de niños africanos para la extracción de cacao, lo que le ha valido el rechazo de la comunidad internacional, sin embargo, es la fecha que esa firma sigue haciendo lo mismo y sólo en un momento, intentó promover que esos menores que trabajaban para ellos fueran a la escuela y tuvieran un futuro.
En el mismo caso están firmas como Goodyear con la explotación en condiciones semiesclavistas de mano de obra de hombres, mujeres y niños para la obtención de caucho para la elaboración de neumáticos, industria que además se comprometió a reforestar lo que ha sucedido a cuentagotas.
Las minas de diamantes y piedras preciosas en Botswana, Sudáfrica y Angola, donde los trabajadores conviven con la muerte a diario mientras los dueños de éstas, muchos de ellos israelíes y firmas de prestigio, ganan millones de dólares.
Las mineras por todo el mundo que obtienen metales y minerales a costa del sufrimiento de las familias que laboran en esos lugares en condiciones medievales destruyen los ecosistemas, la vida de las comunidades originarias y su entorno, con el apoyo de mediocres y oscuros gobiernos que les otorgan toda clase de incentivos y privilegios.
El capitalismo es un permanente depredador de la naturaleza al que sólo le interesa la ganancia donde la encuentre. Pensar en un capitalismo humanista es sólo una utopía de quienes esconden la realidad de que este sistema nos llevará al ocaso de forma irremediable por la sobreexplotación de los recursos como ya sucede con muchos energéticos como el petróleo y los combustibles fósiles, los animales del mar, diversas especies de mamíferos y de flora y fauna.
Este problema de la irracionalidad y la falta de planificación no es algo azaroso, es la constante en el capitalismo, que busca saltarse todas las restricciones o de plano, como Donald Trump, negar que exista el cambio climático para seguir con este modo totalmente nocivo de producción.
El odiado por la derecha, el filósofo alemán Karl Marx, ya vaticinaba crisis globales causadas por el imperialismo buitre, con todos los problemas que vemos como el aumento de la pobreza, la crisis financieras y en medio de ello, la irrupción de un grupo de magnates que hegemonizan la economía.
Estamos urgidos con alternativas que lo sustituyan.
- Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.
