Paradigma

Cuando el rock dejó de ser la voz de los jóvenes

Hubo una época en la que ser joven y rebelde casi inevitablemente tenía una guitarra eléctrica como banda sonora. El rock no era únicamente un género musical: representaba una forma de vestir, de pensar y, en muchas ocasiones, de desafiar a una sociedad con la que las nuevas generaciones no estaban de acuerdo.

En México y Latinoamérica, el rock en español vivió décadas extraordinarias. Bandas como Caifanes, Café Tacvba, Maná, Molotov, Zoé, Enanitos Verdes, Soda Stereo o Los Fabulosos Cadillacs consiguieron llenar estadios y convertir canciones en auténticos himnos generacionales. Algunas de ellas continúan siendo enormemente populares, pero resulta difícil ignorar que el género ya no ocupa el lugar predominante que alguna vez tuvo entre los jóvenes.

La música popular cambió.

Durante los últimos años, el reguetón, el trap, los corridos tumbados y otros sonidos urbanos conquistaron las plataformas digitales. Artistas capaces de acumular millones de reproducciones aparecen constantemente, mientras que resulta mucho más complicado encontrar nuevas bandas de rock alcanzando semejante nivel de exposición.

Esto no significa necesariamente que las nuevas generaciones hayan dejado de escuchar rock. Las canciones de Queen, Nirvana, Metallica, Guns N’ Roses o Red Hot Chili Peppers continúan encontrando nuevos públicos. Lo interesante es que buena parte del rock que escuchan los jóvenes pertenece a generaciones anteriores.

Y ahí encontramos uno de los grandes problemas del género: el rock conserva enormes leyendas, pero le está costando producir nuevos ídolos globales.

También cambió nuestra manera de consumir música. Antes comprábamos un disco y podíamos pasar semanas escuchándolo completo. Hoy las plataformas y las redes sociales favorecen canciones capaces de llamar nuestra atención rápidamente. Una pieza puede convertirse en fenómeno mundial gracias a unos cuantos segundos utilizados en miles de videos.

El rock nació en otra lógica: álbumes conceptuales, solos de guitarra, conciertos largos y bandas que podían tardar años en consolidarse.

Sin embargo, sería equivocado anunciar su muerte.

La historia musical demuestra que los géneros rara vez desaparecen; se transforman. El jazz dejó de dominar las listas de popularidad y continúa vivo. Lo mismo ocurrió con el blues. Probablemente el rock atraviesa un proceso similar: dejó de ser el centro absoluto de la cultura juvenil, pero permanece como uno de los pilares de la música contemporánea.

Quizá incluso necesite dejar de mirar demasiado hacia su propio pasado. Ninguna nueva banda podrá convertirse en los próximos Beatles, Queen o Nirvana intentando simplemente imitarlos. Las nuevas generaciones necesitan construir su propio rock, mezclándolo con los sonidos y las tecnologías de su tiempo.

Porque las guitarras todavía tienen algo que decir.

El verdadero desafío no consiste en preguntarnos quién salvará al rock, sino quién será capaz de reinventarlo para conseguir que una nueva generación vuelva a sentir que esa música también le pertenece.

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