
Segmento de la lámina 3 del biombo del Códice Borbónico.
En la entrada número 1 de esta columna mencionamos que existían cuatro grandes grupos de códices prehispánicos en México. El día de hoy retomamos uno de ellos, el Códice Borbónico para hablar de él brevemente. Lo primero que debemos advertir, es que se trata de un códice que ha estado rodeado de un intenso debate. Primero, no se sabe con exactitud cómo y cuándo llegó a Europa, sin embargo, el historiador escocés William Robertson ya había referido su existencia en 1778, mientras el códice todavía se encontraba en el Real Monasterio de San Lorenzo El Escorial, España, residencia del entonces monarca Felipe II. Aunque al inicio se pensó que dicho códice había sido robado por las tropas napoleónicas durante su paso por territorio español entre 1808 y 1814, la hipótesis más sólida es que el códice llegó a la Biblioteca de la Asamblea Nacional Francesa, ubicada dentro del Palacio de Borbón, en París, en 1826, en una compra por valor de 1300 francos. Ese es el lugar donde se encuentra actualmente. Probablemente, durante ese cambio de residencia fue en donde se perdieron las láminas 1 y 2, así como la 39 y la 40.
El Códice Borbónico está constituido en lo que se ha denominado papel amate, un tipo de soporte de origen mesoamericano fabricado a partir de la corteza del árbol ficus cotinifolia o del ficus padifolia, mejor conocidos como jonotes blanco y rojo. Está hecho en formato de biombo, un largo papel sin hojas independientes, escrito y dibujado únicamente solo de un lado de las láminas, de las que, como se dijo anteriormente, solo quedan 36. Cada lámina tiene unas medidas aproximadas de 39 cm x 39.5 cm. Acompaña a la escritura pictográfica náhuatl una serie de escritos en castellano antiguo. Debido a esto último, se ha especulado mucho sobre la datación no de sus materiales, sino de su fabricación como códice, ya que se encuentran ambos idiomas presentes.
Algunos investigadores como Alfonso Caso, pensaban que el Códice Borbónico era prehispánico, mientras que estudiosos como Robertson pensaron que era de la época virreinal, pero de los años tempranos. Para el historiador mexicano Francisco del Paso y Troncoso, uno de los principales estudiosos de dicho códice, que junto a E. T. Hamy, publicaron la descripción, historia y exposición (1898-1899) [1979], era sin duda de origen prehispánico, y las glosas castellanas se habían agregado posteriormente.
Si seguimos el último gran estudio del Códice Borbónico, el de Ferdinand Anders, Maarten Jansen y Luis Reyes García [1991], se puede decir que es un almanaque mexica, un tonalámatl, es decir, un calendario ritual consignado a un período de 260 días, que a su vez está dividido en 20, combinando un número del 1 al 13. Bajo este formato, se expresa la cosmovisión de los mexicas, por lo menos de los que habitaron buena parte de la Cuenca del Valle de México, en la que según el día en que nace una persona ese día determinará su carácter y su suerte. De entre esos 20 símbolos o signos calendáricos podemos encontrar, según Maarten Jansen, una secuencia fija: Cipactli, Ehecatl, Calli, Cuetzpalin, Coatl, Miquiztli, Mazatl, Tochtli, Atl, Itzcuintli, Ozomahtli, Malinalli, Acatl, Ocelotl, Cuauhtli, Cozcacuauhtli, Olin, Quiahuitl y Xochitl. El Códice Borbónico ha sido indispensable para entender la ritualidad y los dioses asociados a ella en la antigüedad mesoamericana.
Lic. Carlos A. Carrillo Galicia
Licenciado en Historia de México y estudiante de la Maestría en Historia, ambas en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Actualmente ocupa el cargo de instructor de Historia, Filosofía y Literatura en el Centro de Educación Continua y a Distancia (CECyD-UAEH), así como la presidencia de la Asociación de Historiadores Egresados de la UAEH.
Facebook: @histcarloscarrillo Correo: hist.carlos.a.c.g@gmail.com
