César Peña *
El cuerpo humano es una obra maestra de la ingeniería de la naturaleza al estar compuesto por cientos o tal vez miles de mecanismos de defensa para evitar enfermedades, regenerarse, curarse y mantener a los virus, bacterias o agentes extraños y tóxicos a la raya.
Parte importante de la sobrevivencia a través de millones de años, desde la primitiva existencia unicelular, hasta nuestro paso por el mar hasta llegar a los primeros mamíferos y los homínidos, el sistema inmunológico jugó un papel trascendente al evolucionar con la misma velocidad que las amenazas externas ponían en riesgo a la especie y a la vida misma.
La piel es un ejemplo de esta evolución, al estar expuesta sólo la parte de las células muertas de la epidermis aislando al cuerpo de cualquier tipo de agente contagioso que por contacto pudiera ingresar al cuerpo humano.
Cuando nos cortamos, rápidamente, una avalancha de glóbulos blancos corre al sitio del accidente para con una tropa de anticuerpos construir de inmediato una costra que pare el sangrado y luego, inicie la fabricación de la piel perdida. Es fácil de explicar, pero es todo un trabajo que incluye miles de procesos que están perfectamente ordenados y estructurados para regresar la salud al cuerpo.
A nivel interno, el sistema inmunológico trabaja velozmente al sentir que algún invasor profana el cuerpo como sucede con la tos, reacción natural al virus por lo que de esta forma inicia la expulsión de flemas con parte del causante. La fiebre es también parte del sistema inmunológico que está respondiendo así para intentar regularse y sacar a la enfermedad.
Ante toda amenaza trabaja el sistema inmunológico, como si fuera un sistema de misiles que está alerta día y noche preparado para cualquier eventualidad ya que hasta cuando descansamos, nuestras defensas están atentas para indicarnos que algo no anda bien como algún desequilibrio en la sangre, el sueño y hasta nos avisa ante un infarto echando a andar la maquinaria que lo resuelve o por lo menos, que nos ayude a combatirlo de manera externa.
Un hueso roto sin reparar llevará a que el mismo cuerpo intente soldarlo para que el sujeto pueda volver a andar aunque generalmente en la actualidad en caso ligeros como más graves se requiera asistencia médica, pero el cuerpo humano trae el instructivo para intentar todo tipo de reparaciones que nos ayuden a sobrevivir. Todo un mecanismo natural contenido en nuestro ADN.
Somos una auténtica maravilla de la evolución.
Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.
