El jefe del Ejército etíope asegura que la nueva alianza opositora necesita respaldo extranjero para desafiar al Gobierno. Egipto y Sudán no habían respondido públicamente a las acusaciones, mientras los combates vuelven a intensificarse en el norte del país.
La crisis política y militar de Etiopía ha entrado en una nueva fase después de que el jefe de las Fuerzas de Defensa Nacional, el mariscal de campo Birhanu Jula, acusara a Egipto y Sudán de respaldar a una coalición de grupos armados que pretende acabar con el Gobierno del primer ministro Abiy Ahmed.
Según Birhanu, los grupos que integran la nueva alianza no podrían alcanzar sus objetivos sin apoyo exterior. El jefe militar también señaló a Eritrea como un posible vínculo entre los supuestos patrocinadores extranjeros y las organizaciones armadas que operan dentro de Etiopía.
Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista con el medio de comunicación del Ejército etíope. Birhanu no presentó pruebas públicas para sustentar sus acusaciones y, hasta el domingo, ni Egipto ni Sudán habían ofrecido una respuesta pública a las mismas.
Una alianza de siete grupos contra el Gobierno
Las acusaciones se producen pocos días después de que siete organizaciones armadas etíopes anunciaran la creación de una alianza con el objetivo declarado de remover del poder al Gobierno de Abiy Ahmed y establecer posteriormente una administración de transición.
La denominada Ethiopian Peoples’ Forces Alliance for Survival reúne a organizaciones de distintas regiones y con trayectorias políticas y militares diferentes.
Entre sus integrantes se encuentran el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF), el Ejército de Liberación Oromo (OLA) y el Movimiento Nacional Amhara Fano. También forman parte de la coalición organizaciones procedentes de las regiones de Ogadén, Afar y Benishangul-Gumuz.
La composición de la alianza resulta especialmente significativa porque algunos de sus integrantes fueron adversarios durante la guerra de Tigray, que enfrentó entre 2020 y 2022 a las fuerzas federales etíopes y al TPLF.
Los grupos han denunciado una concentración de poder en el Gobierno central y reclaman cambios en la estructura política del país. Sin embargo, existen diferencias entre ellos sobre cuestiones territoriales y políticas, y todavía no está claro hasta qué punto podrán coordinar sus operaciones militares.
El conflicto vuelve a Tigray
La formación de la alianza coincide con una nueva escalada de la violencia en el norte de Etiopía.
Las fuerzas de Tigray han recuperado posiciones y han protagonizado enfrentamientos con tropas federales en distintos puntos. En los últimos días también se han registrado movimientos militares en las regiones de Amhara y Afar.
La nueva ofensiva amenaza con poner en riesgo el acuerdo de paz alcanzado en Pretoria en noviembre de 2022, que puso fin a dos años de guerra entre el Gobierno federal y el TPLF. Reuters ha señalado que el pacto llevaba meses sometido a una creciente presión debido a las disputas entre las partes.
La ONU también ha expresado preocupación por la escalada. El alto comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió el fin inmediato de los combates y advirtió sobre el riesgo de que Etiopía vuelva a entrar en un conflicto de mayor escala. E
La disputa por el Nilo aumenta la tensión con Egipto
La acusación contra Egipto llega en un momento de fuertes diferencias entre El Cairo y Adís Abeba por la Gran Presa del Renacimiento Etíope, construida sobre el Nilo Azul.
Egipto y Sudán han reclamado durante años un acuerdo jurídicamente vinculante que establezca las reglas para el funcionamiento de la presa, especialmente durante periodos de sequía, además de mecanismos para compartir información sobre las cantidades de agua liberadas.
Etiopía, por su parte, sostiene que la presa es fundamental para ampliar su capacidad de generación eléctrica y favorecer el desarrollo económico del país. Adís Abeba defiende que su utilización no provocará daños significativos a Egipto ni a Sudán.
La presa fue inaugurada oficialmente por Etiopía en septiembre de 2025 sin que los tres países hubieran alcanzado un acuerdo vinculante sobre su funcionamiento
En los últimos días, las diferencias volvieron a hacerse públicas. El ministro egipcio de Recursos Hídricos, Hani Sewilam, cuestionó la posición etíope sobre el uso de las aguas del río, mientras que el Ministerio etíope de Agua y Energía respondió acusando a El Cairo de mantener una actitud que calificó de colonial.
También crecen las tensiones con Sudán
Las relaciones entre Etiopía y Sudán atraviesan igualmente un periodo de tensión.
En mayo, Sudán acusó a Etiopía y a Emiratos Árabes Unidos de estar implicados en ataques con drones contra el aeropuerto de Jartum. Las autoridades sudanesas afirmaron que los aparatos habían despegado desde el aeropuerto etíope de Bahir Dar.
Etiopía rechazó entonces las acusaciones y, a su vez, acusó a Sudán de prestar apoyo a combatientes vinculados con Tigray.
Ninguna de estas acusaciones ha sido verificada de manera independiente
La guerra que continúa en Sudán añade además otra dimensión regional al deterioro de las relaciones entre los países del Cuerno de África. Analistas han advertido de que las rivalidades entre Etiopía, Eritrea y Sudán pueden terminar entrelazándose con los distintos conflictos armados que afectan a la región.
Eritrea, otro actor señalado por Adís Abeba
Eritrea también aparece en el centro de las acusaciones del Gobierno etíope.
Durante la guerra de Tigray, las fuerzas eritreas combatieron junto al Ejército federal contra el TPLF. Sin embargo, la relación entre Adís Abeba y Asmara se deterioró después del acuerdo de paz de 2022.
Las autoridades etíopes han acusado en distintas ocasiones a Eritrea de apoyar a grupos opositores armados. Asmara ha rechazado esas acusaciones.
El jefe del Ejército etíope sostiene ahora que Eritrea desempeña un papel de enlace entre grupos armados dentro de Etiopía y supuestos actores extranjeros.
Una crisis con dimensión regional
La combinación de la nueva alianza armada, la reanudación de los combates en Tigray y las disputas con Egipto, Sudán y Eritrea ha elevado la preocupación por una posible ampliación del conflicto.
La alianza opositora representa una nueva coordinación entre grupos que hasta hace poco mantenían enfrentamientos entre sí. Sin embargo, expertos citados por Reuters señalan que sus diferencias políticas, la distancia geográfica entre sus principales áreas de actividad y las capacidades desiguales de sus integrantes podrían dificultar una acción conjunta sostenida.
Por ahora, el Gobierno de Abiy Ahmed enfrenta simultáneamente el desafío militar en el norte, la presión de nuevos grupos opositores y un deterioro de sus relaciones con varios países vecinos.
El alcance real del supuesto respaldo extranjero a la alianza armada sigue sin estar establecido públicamente. Lo que sí está confirmado es que la formación de la coalición y la reanudación de los combates han abierto una nueva etapa de incertidumbre en Etiopía y han vuelto a colocar al país en el centro de las tensiones del Cuerno de África.
