Los gobiernos europeos comienzan a mostrar una mayor disposición a negociar directamente con Rusia para buscar una salida a la guerra en Ucrania, después de meses de desacuerdos sobre la conveniencia de dialogar con el Kremlin.
El cambio de postura responde, en parte, a la preocupación por el acercamiento entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, así como al temor de que las decisiones de Washington reduzcan la capacidad de Ucrania y sus aliados europeos para influir en un eventual acuerdo de paz.
En este contexto, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, sostuvieron una conversación telefónica con Putin para abordar la posibilidad de reactivar las negociaciones.
Aunque ninguno de los dos dirigentes contaba con un mandato para representar formalmente a toda Europa, el contacto los colocó entre los principales interlocutores europeos en los esfuerzos diplomáticos para poner fin al conflicto.
El Kremlin informó que las partes acordaron mantener comunicaciones telefónicas directas en el futuro, una señal de apertura que contrasta con anteriores negativas rusas a aceptar una mayor participación europea.
Bruselas prepara su participación
La Comisión Europea y el Consejo Europeo trabajan en la conformación de un equipo de altos funcionarios que podría participar en una nueva ronda de conversaciones de paz, prevista para principios de noviembre en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.
Entre los posibles responsables de la delegación figura Björn Seibert, jefe de gabinete de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La propuesta de Bruselas contempla un formato multilateral en el que puedan participar representantes europeos, ucranianos, estadounidenses y rusos de manera simultánea.
Hasta ahora, las conversaciones se han desarrollado principalmente mediante contactos entre Washington y Moscú, además de reuniones en las que Ucrania ha participado de forma conjunta. La incorporación directa de los europeos permitiría al bloque defender sus intereses de seguridad y tener mayor influencia sobre las condiciones de un eventual acuerdo.
La Comisión Europea sostiene que su objetivo no consiste únicamente en detener los combates, sino en alcanzar una paz duradera y sostenible.
Europa mantiene diferencias sobre Putin
La posibilidad de negociar con Rusia ha generado divisiones entre los gobiernos europeos desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022.
Francia e Italia han respaldado la idea de establecer canales diplomáticos directos con Moscú. Otros países, como Austria, Bélgica, Bulgaria, Chequia, Luxemburgo y Eslovaquia, también han expresado su disposición a explorar esa vía.
En contraste, Alemania, Polonia, Suecia, Dinamarca y los países bálticos han advertido sobre los riesgos de reanudar el diálogo sin garantías suficientes, al considerar que las exigencias rusas siguen siendo incompatibles con una solución equilibrada.
La reciente iniciativa de Finlandia y Noruega tampoco ha estado exenta de críticas. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, manifestó sus dudas sobre los resultados que podrían obtenerse mediante contactos independientes con Putin.
Por su parte, el primer ministro polaco, Donald Tusk, pidió actuar con cautela y recordó que los objetivos estratégicos de Rusia siguen siendo un obstáculo para alcanzar un acuerdo.
La política de Trump aumenta la preocupación
El giro diplomático europeo también está relacionado con las decisiones de la administración estadounidense, que han generado incertidumbre entre los aliados de Kiev.
Los gobiernos europeos observan con inquietud el acercamiento entre Trump y Putin, así como los contactos entre ambos países sobre posibles acuerdos económicos y energéticos. Entre los asuntos mencionados figuran los activos de la petrolera rusa Lukoil, el gas natural licuado del Ártico y una eventual reactivación del gasoducto Nord Stream.
También preocupa la posibilidad de que Ucrania enfrente presiones para aceptar condiciones desfavorables a cambio de detener la guerra.
Para varios dirigentes europeos, cualquier negociación debe tomar en cuenta la integridad territorial de Ucrania y evitar que Rusia obtenga ventajas estratégicas mediante la invasión.
A esta preocupación se suman las dificultades de abastecimiento y los daños a las infraestructuras ucranianas, factores que elevan la urgencia de alcanzar, al menos, un alto el fuego parcial.
Un diálogo sin garantías de acuerdo
La apertura europea a negociar no significa que exista un consenso definitivo sobre las condiciones de paz ni que Moscú haya moderado sus exigencias.
Rusia continúa defendiendo sus objetivos estratégicos, mientras los gobiernos europeos buscan evitar que las conversaciones encabezadas por Washington dejen al margen sus intereses y los de Ucrania.
La nueva estrategia pretende aumentar la presencia diplomática europea y abrir canales de comunicación capaces de contribuir a una tregua y a una solución política del conflicto.
Sin embargo, el principal desafío será convertir estos primeros contactos en negociaciones concretas, sin debilitar la posición ucraniana ni comprometer la seguridad del continente a largo plazo.
