Paradigma

Gustavo López: de las cascaritas en Hidalgo al Mundial de fútbol de talla baja en Marruecos

En 2019, el acercamiento de Gustavo López al fútbol era solo en cascaritas en Cuautepec de Hinojosa, Hidalgo.

Siete años después suma dos bronces en competencias internacionales con la selección mexicana de fútbol de talla baja y se prepara para jugar, en noviembre próximo, su segundo Mundial, en Marruecos.

A López le costaba abrirse espacio en las canchas locales. “Estaba el miedo de que me fuera a pasar algo, la falta de oportunidades y también los miedos y las inseguridades que en ese momento yo tenía”, recordó en entrevista.

De la reserva a la selección

Aun con esos temores, Gustavo se acercó en 2019 a pedir informes sobre la convocatoria a visorías de la selección mexicana publicada en redes sociales, equipo que surgió por iniciativa de asociaciones civiles y de madres y padres de familia.

La pandemia de COVID-19 cambió el rumbo. La Copa América prevista para 2020 se pospuso, y eso le permitió entrar a un grupo de reserva, donde fue ganando espacio mientras esperaba su oportunidad.

En 2021, durante una concentración en Querétaro, le confirmaron que formaba parte de la selección.

Un legado en Perú

La Copa América de Perú 2022 fue la primera competencia internacional de la selección. Para López y sus compañeros era la oportunidad de demostrar que en México hay talento y de demostrarse a sí mismos de qué eran capaces.

En la cancha donde jugaron quedó grabada una palabra que, dice, los marcó a todos: legado.

“Nos ha costado bastante estar acá; atravesamos una pandemia que dejó daños en muchas familias. Pero ya estamos acá, y eso es lo que queremos dejar: un legado”, relató.

Ese año, el equipo ganó dos medallas de bronce: una en esa Copa América y otra en la Copa Intercontinental, en Colombia. Un año después jugó su primer Mundial, en Argentina.

Las medallas fueron motivo de alegría, cuenta López, pero también una responsabilidad: “La vara a superar es esa”.

Él también cambió en ese tiempo. Como jugador ha tenido altas y bajas, pero siempre con el compromiso de mejorar cada día. Como persona, dice, hay miedos e inseguridades que ya no existen, y cada vez tiene más confianza.

Cómo se juega

El fútbol de talla baja se juega en la modalidad de fútbol sala, con una diferencia: mientras en el fútbol sala profesional se enfrentan cinco contra cinco, aquí cada equipo alinea a siete jugadores. Las canchas miden hasta 40 por 20 metros y tienen piso de duela encerado, como el de las canchas de básquetbol, donde el balón corre muchísimo.

El balón es de bote muerto, es decir, rebota poco y se mantiene pegado al piso. Los cambios son ilimitados y cada selección lleva hasta 15 jugadores. El resultado, según López, es un juego “muy intenso, de mucho choque, de mucha velocidad”.

Por eso, explica López, a un defensa no le basta la velocidad ni la resistencia: también cuentan la mentalidad y la concentración. “Un segundo de desconcentración y ya te rebasó la jugada; ya pusiste a tu portero en un mano a mano”.

Sin liga nacional

México todavía no tiene una liga de fútbol de talla baja. Para construirla, la selección trabaja por regiones con el fin de formar equipos en distintas zonas del país, explicó López.

El camino es largo. El deporte aún es poco conocido, y las personas de talla baja enfrentan barreras sociales y laborales para practicarlo. “Hay muchas personas allá afuera con talento que son de talla baja, pero o vienen a entrenar o trabajan; nos ganamos el pan de cada día”, dijo.

A eso se suma la extensión del territorio, que complica reunir a jugadores del norte y del sur para entrenar juntos.

En el vestidor

La competencia por un puesto de titular es alta, aunque sana, cuenta López. “Somos personas de diferentes estados; compartimos historias, vivencias y sueños”. Entre entrenamientos también hay espacio para las bromas y para grabar videos de TikTok.

Lo que sigue

Ahora, la selección disputará en Marruecos la II Copa Mundial de Fútbol Talla Baja, del 20 al 30 de noviembre. Será la primera vez que el equipo compita en otro continente, y su meta es superar lo que logró en 2022. “Aspiramos a estar dentro de los primeros lugares”, dijo López.

“Vamos por todas las canicas; vamos a representar dignamente al país y no vamos a regalar nada”, afirmó.

Antes de partir dejó un mensaje para las niñas y los niños de talla baja que quieren jugar: “Son más grandes nuestros sueños que nuestras inseguridades”.

▶ Mira la entrevista completa en Cienciandante:

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