Opinión
La columna #Acento de José Sandoval «La nomenklatura en el crimen de Colosio, 25 años despúes».

Para el 99% de los mexicanos que eran testigos de la situación política del país en 1994, no cabe la menor duda que el autor del crimen de Luis D. Colosio, candidato presidencial del PRI fue el mismísimo Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, como prueba fundamental, el discurso que el político sonorense recitó el 5 de marzo en el aniversario del PRI, en el que realizaba una fuerte crítica a la situación nacional, igual que el ritual político de cada 6 años, para marcar su campaña y deslindarse de quien lo designó candidato y virtual presidente.
¿Asesinar a tu candidato por un discurso?, sería algo verdaderamente demencial. Carlos Salinas llevó a Colosio de la mano, lo llevo de un diputado federal perdido entre muchos a ser senador por Sonora y en el mismo año de 1988, lo convirtió en líder nacional del PRI, luego que terminó su período creo la Secretaría de Desarrollo Social para administrar su progama estelar “SOLIDARIDAD” que dejó a cargo al mismo Colosio, de ahí contra todo pronóstico que sería Manuel Camacho Solís, regente de la Ciudad de México, Salinas convirtió al norteño en el candidato del PRI, con el desagrado de muchos priístas de la “nomenklatura”.
Y es que Colosio se enemistó con muchos viejos priístas al permitir que se reconociera el triunfo de Ernesto Rufo Appel, candidato panista en el Estado de Baja California, nada más que la primera derrota en la historia del PRI en una elección de gobernador, Colosio mismo fue el encargado de sofocar la rebelión de los priístas contra tal decisión, pero la enemistad nació.
Pero ¿por qué? El que esto escribe es del 1% que es partidario de otra hipótesis respecto a los autores del magnicidio, ¿Qué es la nomenklatura?.
Acorde a una versión publicada por la revista semanal Proceso en Junio de 1996, Carlos Salinas entonces ya expresidente, habló de ella en una serie de conferencias ofrecidas en la Universidad de Harvard a un grupo selecto de profesores, que fueron invitados a no difundir lo ahí expuesto.
Salinas especuló que la nomenklatura asesinó al candidato presidencial priísta Luis Donaldo Colosio, para evitar que el PRI pudiera perder la Presidencia de México por primera vez o ser sustituido en el corto plazo por una nueva versión y un nuevo nombre para el PRI que profundizará la política económica y el reemplazo de las élites entre los cachorros de la revolución.
El estudioso de la realidad política mexicana, John Womack en un artículo les puso nombre y apellido a los integrantes de la nomenklatura: Ignacio Pichardo Pagaza, Gustavo Carvajal Moreno, Fernando Gutiérrez Barrios, Alfonso Martínez Domínguez, Fernando Ortiz Arana, Alfredo del Mazo, Augusto Gómez Villanueva, Javier García Paniagua y Francisco Labastida Ochoa.
La palabra nomenklatura se incorporó al léxico de la ciencia política a finales de los setenta, escrita con k, para distinguirla de nomenclatura, derivada del latín, sin significado político. Era “la lista secreta de las personas ‘confiables’ que manejó el Partido Comunista de la Unión Soviética.
Ellos habrían organizado con algunos integrantes del gabinete, la operación para sacar de circulación a Colosio, desviando con sus influencias la opinión publicada hacia Salinas de Gortari y el comisionado para la Paz en Chiapas, Manuel Camacho Solís, 3 pájaros de una pedrada, eliminaban el peligro, quitaban al posible sustituto y evitaban que Salinas nombrara a su sucesor, pero solo lograron matar por un rato a Camacho Solís.
Días después estos personajes y algunos gobernadores orquestaron de manera silenciosa la pretensión de que fuera el líder del PRI en el Senado, el queretano Fernando Ortiz Arana el candidato sustituto que buscaría refrendar la presidencia frente Diego Fernández del PAN y Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato de las izquierdas encabezadas por el PRD. Así empezaron a convocar a la rebelión, pero fueron derrotados por Salinas quien por medio de un video dedazo señalo a Ernesto Zedillo Ponce de León, otro cercano a él como el candidato del PRI y a la postre, Presidente de México, quien finalmente cumplió la meta de Salinas sacar al PRI del poder, pero no a su grupo de las elites financieras cubiertas por el gobierno de transición que encarnaba Vicente Fox en el año 2000.
En aquel juego de ajedrez y sangre, al final el neolonés terminó ganando y es fecha que sigue influyendo en la marcha de México. No pudo salvar su sucesor y principal producto, pero terminó ganándole a la nomenklatura que quiso retomar las riendas del poder como cuando ellos lo manejaban en las década de los 70 y 80. Pero sé que después de todo lo argumentado el 99% seguirá con su versión más sencilla, ¡Fue Salinas!, el villano favorito.
P.D. Ya habrá tiempo de retomar lo que ocurría en la prensa en febrero y marzo de 1994, incluida la caricatura del Rafael Barajas, el Fisgón que una semana antes presagiaba la muerte de Colosio.