Paradigma

Lo virtual es real: la responsabilidad de las plataformas

Rosalía Guerrero Escudero

Imagina recibir mensajes amenazantes a medianoche. Que tus fotos íntimas circulen sin tu consentimiento. Que alguien use las redes sociales para reproducirlas, silenciarte, humillarte o hacerte desaparecer del mundo digital. Para millones de mujeres y adolescentes en México, esto no es una pesadilla: es su cotidiano. Y duele, aunque no se vea.

Los mexicanos pasamos, en promedio, ocho horas diarias conectados a Internet. El espacio digital ya no es un complemento de la vida: es la vida misma. Ahí estudiamos, trabajamos, amamos y nos comunicamos. Por eso, lo que ocurre en las pantallas tiene consecuencias muy reales: aislamiento, miedo, depresión, baja autoestima, ansiedad y, en los casos más extremos, suicidio. La violencia digital es real y es urgente atenderla.

Una señal de esperanza llegó  con la firma del «Primer Acuerdo de Colaboración con Plataformas Digitales para Prevenir y Atender la Violencia Digital» entre la presidenta Claudia Sheinbaum con gigantes tecnológicos como Google, Meta (Facebook, Instagram, WhatsApp) y TikTok. El objetivo es claro: reforzar la aplicación de la Ley Olimpia, mejorar los mecanismos de denuncia, retirar contenido ofensivo y capacitar a las personas en seguridad digital.

Este pacto, aunque voluntario, puesto que no es una nueva ley, contempla 17 acciones concretas: nueve de prevención y ocho de atención, entre ellas una Cartilla de Seguridad Digital y mecanismos rápidos de denuncia. Trabaja de la mano con la Secretaría de las Mujeres y con colectivos feministas que llevan años señalando que la normalización de la violencia en redes sociales es una crisis de derechos humanos. No es poca cosa: muchas sobrevivientes de violencia digital terminan abandonando el espacio digital por completo, con consecuencias que se derraman hacia su vida escolar, familiar y laboral.

Sin embargo, no sorprende, que la red social X (antes Twitter) dirigida por Elon Musk, sea la gran ausente, tras un argumento sobre no tener oficina en México. Una excusa delgada cuando hablamos de una plataforma global con millones de usuarias mexicanas, y con denuncias de un mal uso de su IA Grok con acciones de violencia de género. El compromiso con la seguridad digital no puede depender de una dirección postal.

Este acuerdo es un primer paso —necesario, valioso— en el camino hacia entornos digitales más seguros. Porque querer estar segura en Internet no es un lujo: es un derecho. Y las pantallas, aunque frías, pueden convertirse en espacios de dignidad si nos comprometemos, todas y todos, a no mirar hacia otro lado cuando la violencia ocurre en línea.

«Porque queremos estar seguras también en Internet» #LoVirtualEsReal

¿Y tú? ¿Alguna vez has sido testigo de violencia digital o conoces a alguien que la haya vivido? ¿Crees que un acuerdo voluntario con las plataformas es suficiente, o necesitamos leyes más firmes para proteger a las personas en el entorno digital?

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