Microorganismos que viajen con astronautas podrían sobrevivir en las regiones permanentemente sombreadas del polo sur de la Luna y representar un riesgo de contaminación para futuras investigaciones sobre posibles rastros de vida pasada en el satélite y, posteriormente, en Marte, de acuerdo con un estudio de la NASA publicado en la revista Science Advances.
La investigación analizó la capacidad de supervivencia de cinco microorganismos comunes en la piel humana y en el interior de las naves espaciales.
Entre ellos se encuentra el hongo Aspergillus niger, considerado el más resistente de los organismos evaluados frente a condiciones de temperatura y radiación ultravioleta.
Los investigadores realizaron simulaciones ambientales de tres regiones cercanas al polo sur lunar: el borde del cráter Nobile.
La Cresta de Conexión y el borde del cráter De Gerlache. Para ello utilizaron mapas detallados elaborados a partir de datos de elevación y temperatura.
Los resultados permitieron identificar posibles “nichos de supervivencia” para estos microorganismos.
Que abarcan desde amplias zonas en el interior de cráteres hasta espacios tan pequeños como la huella de una bota.
De acuerdo con los científicos, ninguno de los microorganismos estudiados es un extremófilo.
Es decir, un organismo especializado en sobrevivir en condiciones extremas como el vacío espacial.
Sin embargo, experimentos previos demostraron que Aspergillus niger, un hongo que incluso ha sido detectado.
Dentro de la Estación Espacial Internacional, puede resistir condiciones adversas fuera de una nave.
Aaron Regberg, geomicrobiólogo de la NASA y coautor del estudio, señaló que esperaba que estos microorganismos se deshidrataran rápidamente bajo las condiciones lunares. Sin embargo, Aspergillus niger mostró una resistencia superior a la prevista y logró sobrevivir incluso en lugares donde recibe cierta cantidad de luz solar.
Los especialistas explican que la presencia de microorganismos asociados con las misiones tripuladas es prácticamente inevitable. Las bacterias y otros microbios forman parte de la piel humana y pueden desprenderse de los trajes, equipos y hábitats utilizados por los astronautas.
En las misiones robóticas, una de las estrategias para evitar la contaminación biológica consiste en someter las naves a temperaturas superiores a 204 grados Celsius antes de su lanzamiento. No obstante, este procedimiento no puede aplicarse de la misma manera a misiones tripuladas de larga duración.
El polo sur lunar, una zona de especial interés
Las condiciones particulares del polo sur de la Luna favorecen la existencia de regiones permanentemente sombreadas. Debido a la escasa inclinación del eje lunar, el Sol permanece muy cerca del horizonte y las crestas de los cráteres y montañas pueden bloquear su luz, generando áreas extremadamente frías y protegidas de la radiación.
Estas zonas también son de gran interés científico debido a la presencia de depósitos de hielo de agua, considerados un recurso potencial para futuras misiones.
Los investigadores enfatizaron que la supervivencia de un microorganismo en la Luna no significa que pueda crecer o reproducirse. El estudio se refiere a la posibilidad de que permanezca viable durante al menos un día terrestre, ya que las condiciones lunares no ofrecen, hasta ahora, elementos suficientes para sostener su desarrollo, particularmente agua líquida.
El hallazgo cobra relevancia ante los próximos planes de exploración lunar. La NASA prevé enviar en 2028 una misión tripulada a la superficie de la Luna, lo que representaría el regreso de seres humanos al satélite natural de la Tierra después de más de cinco décadas.
Los resultados del estudio resaltan la importancia de fortalecer los protocolos de protección planetaria antes de futuras misiones tripuladas, con el objetivo de evitar que microorganismos terrestres contaminen ambientes lunares de interés científico y, posteriormente, otros cuerpos celestes como Marte.
Fuente: EFE
