Paradigma

Ormuz: marineros desafían el peligro

Cruzar el estrecho de Ormuz se ha convertido en una decisión que puede costar la vida. En medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, miles de trabajadores del mar permanecen varados o se niegan a atravesar esta vía estratégica por temor a quedar atrapados en ataques militares.

Uno de los casos es el del Al Ruwais, un buque metanero de 314 metros de eslora que lleva semanas frente a las costas de Pakistán. Sus 34 tripulantes no quieren arriesgarse a cruzar el estrecho, pese a la presión de los propietarios de la embarcación.

Un electricista del barco explicó que la tripulación no está dispuesta a asumir el riesgo únicamente para completar el trayecto. Su intención es trasladarse a Pakistán y continuar su trabajo en otra embarcación.

La situación refleja el dilema de cientos de tripulaciones: cumplir con las operaciones comerciales o priorizar su seguridad ante la posibilidad de sufrir ataques durante la navegación.

Primas de riesgo para cruzar el estrecho

Ante los peligros, algunas empresas navieras han recurrido a incentivos económicos para convencer a sus trabajadores de realizar el recorrido.

De acuerdo con los testimonios recopilados por Euronews, ciertos capitanes han recibido ofertas de hasta 100 mil dólares mensuales, además de primas de riesgo de 50 mil dólares. Para otros integrantes de las tripulaciones, los salarios pueden multiplicarse entre cuatro y seis veces.

Sin embargo, las cantidades varían según el puesto y las condiciones contractuales. Para algunos marineros, las diferencias entre lo que reciben los capitanes y el personal de cubierta también plantean cuestionamientos sobre el valor que las empresas asignan al riesgo de cada trabajador.

La normativa marítima contempla el derecho individual de los marinos a rechazar la entrada en zonas declaradas de guerra. Esto significa que la oposición de un solo integrante de la tripulación puede impedir que una embarcación avance hacia un área considerada peligrosa.

Ataques y bloqueos paralizan el tránsito marítimo

El estrecho de Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye un corredor fundamental para el comercio internacional de hidrocarburos.

Desde el inicio de la guerra, a finales de febrero, las restricciones militares y las amenazas contra buques comerciales han reducido drásticamente la circulación. Según estimaciones de la firma de seguimiento marítimo Kpler citadas por Euronews, el tránsito pasó de más de 125 embarcaciones diarias antes del conflicto a menos de 10 o 12.

El desplome supera el 90 por ciento y está relacionado con los bloqueos navales, los ataques con drones, la presencia de posibles minas marinas y los impactos de proyectiles contra embarcaciones.

Las rutas también se encuentran condicionadas por el despliegue militar. Mientras el corredor meridional, próximo a Omán, está patrullado por fuerzas estadounidenses, la ruta septentrional atraviesa aguas bajo control iraní.

La Guardia Revolucionaria iraní ha advertido que los barcos que utilicen trayectos considerados no autorizados pueden enfrentar represalias.

Ante este panorama, algunas embarcaciones que intentan cruzar han recurrido a medidas para reducir su visibilidad, como apagar los sistemas de identificación automática, navegar durante la noche sin luces y desconectar equipos de radio.

Estas prácticas evidencian el nivel de incertidumbre que afronta el transporte comercial en la región.

Los marinos iraníes también enfrentan riesgos

La crisis no afecta únicamente a las tripulaciones extranjeras. Los trabajadores marítimos iraníes también enfrentan restricciones, dificultades operativas y amenazas durante sus recorridos.

Hamed, un excapitán de 50 años que actualmente dirige una empresa de gestión marítima en Irán, declaró a Euronews que alrededor de 95 trabajadores vinculados a actividades marítimas habrían muerto desde el inicio del conflicto, incluidos empleados del transporte comercial, la pesca, los remolcadores y los servicios de apoyo a instalaciones en alta mar.

El gestor también señaló que las sanciones internacionales limitan las operaciones de una parte importante de la flota iraní y dificultan el acceso a puertos de países vecinos.

Según su testimonio, cerca del 40 por ciento de los marinos del sur de Irán ha rechazado aceptar nuevas asignaciones en el mar. Otros trabajadores se han desplazado hacia el Caspio para participar en el transporte de mercancías, entre ellas cereales.

Hamed agregó que las fuerzas estadounidenses han abordado embarcaciones comerciales iraníes en distintas ocasiones para inspeccionar sus cargamentos, mientras continúan los ataques contra barcos en la zona.

El sector, advirtió, opera sin garantías suficientes de seguridad para sus tripulaciones.

Una crisis que amenaza el suministro de mercancías

Además del riesgo humano, la interrupción del tránsito por Ormuz mantiene bajo presión una ruta esencial para el abastecimiento energético y el comercio mundial.

El deterioro de la seguridad marítima complica el movimiento de mercancías y aumenta la incertidumbre para las compañías navieras, que deben decidir si mantienen sus operaciones, modifican sus recorridos o esperan mejores condiciones para navegar.

La Organización Marítima Internacional ha advertido que miles de marinos continúan atrapados en el golfo Pérsico y ha reclamado medidas para restablecer la libertad de navegación y proteger a los trabajadores del sector.

Mientras no existan condiciones confiables para transitar, las tripulaciones seguirán expuestas a una disyuntiva extrema: permanecer a bordo a la espera de una salida segura o aceptar los riesgos de atravesar una de las zonas marítimas más peligrosas del conflicto.

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