El Gobierno Pakistán anunció este domingo que será sede de una ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, en un intento de frenar la escalada del conflicto en Medio Oriente.
El ministro de Exteriores paquistaní, Ishaq Dar, comunicó que la iniciativa cuenta con el respaldo de Turquía, Egipto y Arabia Saudita.
Cuyos representantes participaron en reuniones recientes en Islamabad para definir los lineamientos del proceso de diálogo.
El canciller paquistaní precisó que tanto Washington como Teherán han manifestado su disposición a la mediación de Pakistán.
Aunque ninguna de las partes ha confirmado su participación en la mesa de negociaciones.
Según Dar, los detalles sobre el formato y el alcance de las conversaciones aún no están cerrados.
Y no se ha definido si los contactos serán directos o indirectos.
El objetivo inmediato es crear un canal efectivo para abordar las diferencias y reducir la tensión bélica en la región.
“Pakistán está muy feliz de que tanto Irán como Estados Unidos hayan expresado su confianza en la facilitación de Pakistán”, señaló.
El gobierno paquistaní asume el rol de mediador debido a sus vínculos diplomáticos con ambas potencias.
Funcionarios en Islamabad explicaron que el anuncio es resultado de semanas de gestiones discretas.
Y conversaciones privadas, que ahora se hacen públicas ante la gravedad de la situación.
El Ministerio de Exteriores evitó dar detalles sobre la duración del proceso o los posibles escenarios de acuerdo.
Pero confirmó la presencia y el respaldo de ministros turcos y árabes en la capital paquistaní.
Pakistán impulsa su iniciativa después de que Estados Unidos presentara a Irán una lista de quince puntos como base para un acuerdo de paz.
Las autoridades iraníes rechazaron ese marco y respondieron con su propia propuesta de cinco puntos, que incluye el fin de asesinatos de funcionarios, garantías contra futuros ataques, indemnizaciones y el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz.
Como gesto de apertura, Irán permitió el paso de veinte buques comerciales paquistaníes por el estrecho, interpretado como una señal de disposición a negociar si se reduce la presión de Washington.
En paralelo, desde Teherán, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, minimizó la importancia de las conversaciones previstas en Pakistán y las calificó como una maniobra para distraer la atención después del despliegue de marines estadounidenses en la región.
Qalibaf advirtió que las fuerzas iraníes “esperan la llegada de tropas estadounidenses para responder” y lanzó nuevas amenazas contra socios regionales de Washington. Medios oficiales iraníes replicaron el mensaje, insistiendo en que Irán no está dispuesto a ceder en puntos clave de la negociación.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aprovechó el contexto para anunciar la expansión de la zona de seguridad en el sur de Líbano y reiteró que el ejército continuará sus operaciones contra Hezbollah. El anuncio se enmarca en una ola de ataques y contraataques que han elevado la tensión en la frontera norte israelí.
El control de Irán sobre el estrecho de Ormuz y la implicación de los rebeldes hutíes en la guerra han puesto en riesgo el transporte marítimo en el Golfo y el estrecho de Bab el-Mandeb, rutas estratégicas para el comercio mundial. La volatilidad ha impactado los precios internacionales del petróleo, gas y fertilizantes, y también ha complicado el tráfico aéreo.
En términos de víctimas, la guerra ha dejado más de 3.000 muertos en la región. Líbano reporta al menos 1.200 fallecidos, Irán más de 1.900 e Israel 19. En Irak, milicias vinculadas a Irán han sufrido 80 bajas entre las fuerzas de seguridad, mientras que otros países del Golfo y Cisjordania también han registrado víctimas, reflejando el alcance regional de la crisis.
Fuente: The Associated Press
