César Peña *
Ante la sobrada evidencia de que el universo nació de la singularidad llamada Big Bang hace 13 mil 800 millones de años momento en el que nace el espacio-tiempo iniciando la expansión de éste casi de manera infinita, existe la versión inversa del Big Crunch o compactación, el proceso inverso.
Las señales de que podríamos entrar en ello es la ralentización de la expansión, el punto en el que los científicos ven como el punto crucial de que la Teoría General de la Relatividad de Einstein confirmando que llegamos a un tamaño determinado que llevará a que algún día se detenga esta expansión y comience la reducción al mismo punto infinitamente denso que compactaría toda la energía y masa existente en el universo.
Este proceso en el que concuerdan la mayoría de científicos, es observado por los astrónomos buscando huellas de separación de las galaxias o a través de los ecos de aquella primera gran explosión para lo cual se perfeccionan y se lanzan nuevos telescopios y artefactos para medirlo.
Convencionalmente se cree que el inicio de todo se encuentra ahí, en el Big Bang o que el final de todo será precisamente el Big Crunch, aunque hay mentes brillantes como el gran teórico inglés Roger Penrose, que cree que en realidad se trata de ciclos repetitivos de reinicio del universo.
Dice tener evidencia de que un universo anterior estuvo antes que el actual, Basado en fórmulas matemáticas, sosteniendo que lo que ahora vemos nació de un universo extinto cuyas moléculas tomó de su antecesor para dar forma al presente.
Si esto que es parte de la primera Ley de la Termodinámica de que la energía no se crea ni se destruye, entonces estamos ante la permanencia de materia de forma infinita que tiende a reciclarse para dar lugar a formas diversas de organización de la materia.
Aunque en apariencia sería algo así como la “eternidad” sostenida por algunas religiones, se parece más a la afirmación del “eterno regreso” esbozado por Nietzsche sólo que con evidencias científicas sólidas de que venimos de una gran explosión que llevó millones de años para crear la más elemental de las vidas unicelulares y luego, la gran explosión de diversidad de flora y fauna que vemos.
El caso es que el proceso de ralentización observada tiene como evidencia la menor velocidad del alejamiento de las galaxias, que requiere una constante observación y medición precisa imposible de cuantificar a simple vista.
Fue en el 2025 cuando la observación llevó a suponer que se detenía la expansión, sin embargo, un artículo publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, a cargo de los renombrados astrofísicos ganadores del Premio Nobel, el profesor Adam Riess y el profesor Brian Schmidt de la Universidad de South Hampton sostiene que en realidad se evaluaron mal los datos y el universo sigue creciendo con la misma velocidad.
La valoración de las supernovas y estrellas son las referencias centrales, aunque en los siguientes meses y años se seguirá arrojando información más precisa sobre las mediciones que puedan hacerse con el nuevo instrumental terrestre.
- Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.
