En las aguas del mar Báltico, entre la isla de Rügen y la costa de Pomerania Occidental, se encuentra Riems, un pequeño territorio alemán al que los turistas no pueden acceder libremente. Su aislamiento y las estrictas medidas de seguridad que lo rodean responden a una razón científica: alberga uno de los centros de investigación más importantes del mundo dedicado al estudio de enfermedades infecciosas que afectan a los animales.
El lugar está protegido por cercas de gran altura, alambre de púas y accesos controlados. Detrás de estas barreras opera el Instituto Friedrich Loeffler (FLI), organismo federal especializado en salud animal que estudia patógenos capaces de provocar brotes epidémicos y generar graves consecuencias para la ganadería y la economía.
Un laboratorio con una historia compleja
La importancia científica de Riems comenzó a principios del siglo XX, cuando el médico y microbiólogo Friedrich Loeffler trasladó allí sus investigaciones sobre la fiebre aftosa, una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a bovinos, cerdos y otros animales de pezuña hendida.
En 1898, Loeffler y Paul Frosch demostraron que el agente responsable de esta enfermedad era un virus y no una bacteria. El descubrimiento representó un avance decisivo para el desarrollo de la virología.
La elección de una isla aislada buscaba reducir el riesgo de que los microorganismos estudiados escaparan de las instalaciones y provocaran nuevos brotes. Sin embargo, la historia del centro también quedó vinculada a la investigación militar durante el régimen nazi.
En la Segunda Guerra Mundial, el instituto reanudó sus actividades con objetivos que incluyeron el estudio de agentes patógenos con posibles aplicaciones bélicas. En 1942, sus investigadores colaboraron con el organismo militar alemán Heereswaffenamt en trabajos relacionados con el virus de la fiebre aftosa. Parte de estos estudios continuó durante los años siguientes.
Al finalizar la guerra, buena parte de los equipos y las instalaciones fueron desmontados y trasladados a la Unión Soviética. Pese a las dificultades, las investigaciones se retomaron en 1946 para hacer frente a la propagación de enfermedades animales. Posteriormente, el complejo fue reconstruido y recibió el nombre de su fundador en 1952.
Seguridad extrema para estudiar virus peligrosos
En la actualidad, Riems es la sede principal del Instituto Friedrich Loeffler y cuenta con instalaciones preparadas para investigar enfermedades animales de alto riesgo, entre ellas la fiebre aftosa, la peste porcina africana y la gripe aviar.
Sus científicos también estudian agentes infecciosos que pueden transmitirse entre animales y seres humanos, conocidos como zoonosis. La investigación permite mejorar los diagnósticos, comprender la propagación de las enfermedades y desarrollar herramientas para combatir futuros brotes.
El complejo dispone de laboratorios de alta contención, sistemas de presión negativa y filtros especiales para controlar el movimiento del aire. Además, aplica protocolos estrictos para evitar que los agentes infecciosos salgan de las áreas de trabajo.
El personal debe atravesar distintos puntos de control y cumplir procedimientos de cambio de ropa, desinfección y limpieza antes de abandonar determinadas zonas. Incluso los residuos líquidos se someten a tratamientos térmicos antes de su evacuación, mientras que los restos biológicos se procesan mediante procedimientos especializados.
Estas medidas buscan impedir que microorganismos peligrosos lleguen al entorno exterior y entren en contacto con animales o personas.
Una inversión millonaria en investigación
Las instalaciones de Riems se ampliaron de forma considerable en las últimas décadas. En 2013 se inauguró un nuevo complejo científico que requirió una inversión cercana a los 300 millones de euros.
El proyecto incorporó 89 laboratorios y 163 unidades destinadas al alojamiento y estudio de animales, con diferentes niveles de seguridad. Esta infraestructura permite investigar enfermedades en condiciones controladas y analizar cómo se desarrollan los contagios.
El instituto también desempeña una función esencial cuando aparecen brotes en Alemania. Sus especialistas realizan pruebas diagnósticas y ofrecen asesoramiento científico a las autoridades responsables de contener las enfermedades.
Durante 2025, el centro participó en tareas relacionadas con la gripe aviar y con la respuesta al brote de fiebre aftosa registrado en el país.
Así, la isla de Riems representa mucho más que un territorio cerrado al turismo. Es un punto estratégico para la sanidad animal internacional, donde la investigación y la bioseguridad resultan fundamentales para prevenir epidemias y reducir sus consecuencias. Su acceso restringido responde a la naturaleza de los trabajos que allí se desarrollan y a la necesidad de mantener bajo control agentes infecciosos que podrían causar daños de gran magnitud.
