Un terremoto de magnitud 7.1 registrado en la prefectura de Kumamoto, Japón, dejó al menos 50 personas hospitalizadas, nueve desaparecidas y diversos daños en infraestructura, mientras que en China se reportaron dos sismos consecutivos en la provincia de Qinghai, intensificando la actividad sísmica en el este de Asia.
De acuerdo con los primeros reportes de las autoridades japonesas, el movimiento telúrico provocó el colapso de 12 edificios.
Daños estructurales en diversos inmuebles, incendios y afectaciones en carreteras y puentes. Además, alrededor de 45 mil hogares permanecen sin suministro eléctrico.
También se informó del derrumbe de un centro comercial, donde presuntamente varias personas quedaron atrapadas.
Por lo que continúan las labores de búsqueda y rescate.
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, informó que el gobierno instaló un grupo de trabajo para evaluar los daños.
Y coordinar las operaciones de emergencia, al tiempo que advirtió sobre la posibilidad de nuevas réplicas de intensidad considerable en los próximos días.
En cuanto a la infraestructura energética, la empresa Kyushu Electric Power reportó que las centrales nucleares,
De Sendai y Genkai operan con normalidad y no registraron anomalías tras el sismo.
Aunque inicialmente las autoridades emitieron una alerta preventiva por posible tsunami para las zonas.
Del mar de Ariake y el mar de Yatsushiro, el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico descartó.
Posteriormente el riesgo de un maremoto de gran magnitud para las costas japonesas.
De manera paralela, la provincia china de Qinghai registró dos sismos de magnitudes 5.7 y 5.8, ocurridos con apenas 18 minutos de diferencia, sin que hasta el momento se hayan reportado afectaciones de gran magnitud.
Japón se ubica sobre el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta, donde convergen varias placas tectónicas. Cada año se registran miles de movimientos telúricos, una parte importante de ellos con magnitudes superiores a 6.
El país mantiene protocolos permanentes de prevención y respuesta debido a su alta exposición a fenómenos sísmicos, especialmente tras el terremoto de magnitud 9.0 ocurrido el 11 de marzo de 2011, que provocó un devastador tsunami y el accidente nuclear de Fukushima, uno de los más graves de la historia reciente.
