La propagación del VIH ya afecta a 27 regiones de Rusia y supera los grupos considerados de mayor riesgo. Más de 1.2 millones de personas tienen un diagnóstico confirmado, mientras crecen las preocupaciones por los contagios en hospitales y las limitaciones de los programas de prevención.
Rusia enfrenta un desafío sanitario por la expansión del virus de inmunodeficiencia humana (VIH). De acuerdo con datos del organismo de vigilancia epidemiológica Rospotrebnadzor, la enfermedad presenta una transmisión generalizada en 27 regiones del país, donde la infección ya no se concentra exclusivamente en las poblaciones consideradas de mayor riesgo.
Uno de los indicadores que refleja la magnitud del problema es la proporción de mujeres embarazadas diagnosticadas con VIH. En las regiones afectadas, la cifra supera el 1%, un nivel que las autoridades sanitarias utilizan para identificar una epidemia generalizada.
Las situaciones más preocupantes se encuentran en Kémerovo, Irkutsk y Sverdlovsk, territorios que presentan una elevada incidencia de la infección.
Aunque Rusia registró una disminución en los nuevos diagnósticos durante 2025, los especialistas advierten que la reducción de contagios detectados no significa que el problema esté controlado.
Los hospitales rusos también enfrentan brotes infecciosos
Otro motivo de preocupación es la aparición de contagios relacionados con la atención médica. Durante 2025 se identificaron ocho focos de infección en establecimientos sanitarios, que afectaron a 104 pacientes.
Los casos estuvieron relacionados principalmente con hepatitis C y coinfecciones de hepatitis y VIH, según información de responsables de vigilancia epidemiológica.
La situación continuó durante 2026. Las autoridades investigan otros 11 focos en diez regiones, incluido un brote de hepatitis C en Moscú que involucra a 22 personas.
Entre los episodios documentados destaca un sanatorio de Kabardia-Balkaria, donde 82 pacientes resultaron afectados: 76 contrajeron hepatitis C y seis presentaron infecciones combinadas.
También se reportaron brotes de hepatitis en hospitales oncológicos de Kamchatka y Buriatia, con 147 y 42 personas afectadas, respectivamente.
Los especialistas señalan que algunas de estas infecciones podrían estar relacionadas con deficiencias en los procedimientos de esterilización y el incumplimiento de las normas de seguridad médica. Entre las prácticas señaladas figura la reutilización de dispositivos que deberían destinarse exclusivamente a un paciente.
Además, durante 2026 se identificaron dos transmisiones de VIH asociadas a transfusiones de componentes sanguíneos, los primeros episodios de este tipo registrados en seis años.
Más de 1.2 millones de rusos tienen VIH
Las estadísticas sanitarias muestran que la población diagnosticada con VIH continúa creciendo, pese a que los nuevos casos y las muertes han disminuido en determinados periodos.
Los registros de Rospotrebnadzor contabilizan más de 1 millón 232 mil personas con diagnóstico confirmado, equivalente aproximadamente al 0.8% de la población rusa.
Las proyecciones oficiales advierten que, si se mantienen las condiciones actuales de prevención y tratamiento, el número podría aumentar hasta 1.47 millones de personas para 2030.
La situación también presenta diferencias importantes entre los grupos de edad. Más del 3% de los hombres rusos de entre 40 y 49 años vive con VIH, mientras que la edad promedio de las personas diagnosticadas pasó de 32 a 44 años durante los últimos 15 años.
Otro dato que genera preocupación es la distancia entre los registros oficiales. Rospotrebnadzor contabiliza aproximadamente 1.23 millones de personas diagnosticadas, mientras que el Ministerio de Sanidad tiene bajo seguimiento médico a unas 846 mil 500.
Esta diferencia refleja las dificultades para garantizar que todas las personas diagnosticadas reciban atención y permanezcan vinculadas al sistema sanitario.
El tratamiento sigue siendo un desafío
La detección de la infección no garantiza que los pacientes tengan acceso continuo al tratamiento ni que puedan alcanzar niveles indetectables del virus.
Al cierre de 2025, alrededor de la mitad de las personas que vivían con VIH en Rusia había conseguido suprimir la carga viral, de acuerdo con las estimaciones citadas por especialistas.
Entre quienes recibían tratamiento antirretroviral, el porcentaje de supresión viral alcanzaba el 77.9%.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) promueve la estrategia 95-95-95 para combatir la epidemia: lograr que el 95% de las personas con VIH conozca su diagnóstico, que el 95% de quienes conocen su condición reciba tratamiento y que el 95% de los pacientes tratados alcance la supresión viral.
En Rusia, durante 2025, aproximadamente el 72% de las personas diagnosticadas estaba bajo seguimiento médico.
Aunque el país realizó alrededor de 54 millones de pruebas, los especialistas advierten que la proporción de personas pertenecientes a grupos con mayor exposición al virus que se someten a pruebas ha disminuido.
Recortes y falta de recursos preocupan a los especialistas
El financiamiento es otro de los factores que podría complicar la respuesta sanitaria rusa. Los gastos relacionados con el VIH alcanzaron los 279 mil millones de rublos durante 2025.
Especialistas advierten que la falta de recursos, los obstáculos para acceder a medicamentos y la reducción de programas preventivos pueden dificultar el control de la infección.
También se han reportado problemas de abastecimiento de tratamientos en territorios ocupados de Donetsk y Lugansk, mientras que medios rusos han señalado posibles contagios de VIH, hepatitis y tuberculosis entre militares desplegados en Ucrania.
A este panorama se suma la salida de organizaciones y donantes que anteriormente respaldaban iniciativas de prevención y atención a pacientes.
El presupuesto ruso proyectado para 2027 contempla recursos adicionales para medicamentos destinados a 30 mil nuevos pacientes, una cifra inferior a los 45 mil nuevos diagnósticos registrados durante 2025.
Con 27 regiones en situación de epidemia generalizada y más de un millón de personas diagnosticadas, Rusia enfrenta el reto de ampliar las pruebas, fortalecer la seguridad hospitalaria y garantizar el acceso a tratamientos para contener la transmisión del VIH.
