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Opinión

Macrófagos regenerativos

Publicado

el

César Peña *

En una entrega anterior, les expuse la increíble capacidad de los ajolotes para regenerar órganos completos amputados, una maravilla de la naturaleza que apenas los científicos están descubriendo la maquinaria interna que lo hace posible.
Si este animalito pierde una extremidad, la vuelve a hacer crecer con huesos, músculos y nervios absolutamente intactos. No hay cicatriz. No hay rastro del trauma. Solo perfección anatómica lo que llevó a un grupo de biólogos a investigar este hecho. Decidieron observar qué sucedía al bloquear temporalmente a los macrófagos, un tipo de glóbulo blanco. El resultado fue estremecedor: el ajolote perdió su magia.
Resulta que los macrófagos, usualmente conocidos como las células que limpian los desechos y bacterias de nuestras heridas, son los verdaderos arquitectos de la regeneración. Sin ellos interviniendo en el sitio de la lesión, el ajolote no reconstruye. Simplemente cicatriza de forma permanente, fallando trágicamente en su intento por recuperar su forma original, tal como lo haría un ser humano.
En los mamíferos, estas células protectoras nacen en la médula ósea. Pero los ajolotes adultos no tienen una médula ósea funcional. Los científicos rastrearon su origen celular y el animal reveló un mapa interno inesperado: su hígado es el gran reservorio de la vida. Es desde allí que el ajolote moviliza su ejército de macrófagos especializados hacia la extremidad herida para orquestar la reconstrucción perfecta.
Los científicos creen que comprender el origen hepático de estos glóbulos blancos establece las bases para entender cómo evitar las cicatrices y promover la regeneración de tejidos en otras especies. El ajolote no usa magia. Usa una precisión inmunológica milimétrica.
La evolución no borró el manual de la regeneración, simplemente lo guardó bajo otra cerradura biológica. Y el ajolote es la prueba viva de que el mundo natural guarda las respuestas más asombrosas a los problemas que creíamos imposibles de resolver.
Hoy, estos resultados abren la puerta a un sinnúmero de posibilidades para los seres humanos para en un futuro poder replicar estas capacidades en otras especies y en la propia raza humana, que tendría nuevos horizontes ante accidentes, enfermedades y otras circunstancias que significan la pérdida de órganos.
Para la ciencia, está claro, no hay más límites que la investigación y los ajolotes son un ejemplo de lo portentosa que es la naturaleza.

  • Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.
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