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Ciencia y Tecnología

Descubre estudiante Garza qué tipo de árboles mitigan mejor las altas temperaturas

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Contrario a la creencia popular, un follaje tupido no garantiza una mayor mitigación del calor extremo en las ciudades. En realidad, la eficiencia para enfriar el entorno depende de una compleja interacción entre la densidad de la copa, las corrientes de aire y la humedad, comprobó Fabián López Villegas, estudiante de la Maestría en Ciencias y Tecnología Agrícola y Forestal Sustentable de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

Para fundamentar este postulado, el maestrante del Instituto de Ciencias Agropecuarias (ICAp) midió la capacidad de regulación térmica de distintas especies. El análisis tomó en cuenta variables clave como el tamaño y estructura del ramaje, la velocidad del viento y la cantidad de vapor de agua en el ambiente.

El trabajo de campo se desarrolló durante un año completo en el parque El Caracol. Allí se recopilaron datos a lo largo de las temporadas de lluvias, frío y calor para observar cómo las variaciones climáticas influyen en el comportamiento de las plantas, con miras a proponer estrategias de manejo forestal verdaderamente sustentables.

Este esfuerzo académico busca ofrecer una alternativa viable para combatir las “islas de calor”, un fenómeno provocado por la alta concentración de concreto y asfalto que absorbe la radiación solar. Como consecuencia de esta plancha, la temperatura en el centro de las poblaciones puede superar hasta en cinco grados a la registrada en zonas periféricas.

Entre los ejemplares analizados, López Villegas identificó que el pino pátula (Pinus patula) presenta la mayor eficiencia termorreguladora, ya que sus ramas ligeras permiten una circulación de aire óptima. Sin embargo, aclaró que esto no obliga a plantarlo de manera masiva, pues dicha variedad demanda requerimientos de espacio y condiciones hídricas muy específicas.

Los resultados fungen como un parámetro metodológico para que las autoridades rediseñen el trazado público con variedades botánicas que se adapten a cada entorno. “Estos datos son aplicables para regiones con clima templado y veranos lluviosos, pero si queremos extrapolarlos a otras geografías, tendríamos que evaluar las condiciones de cada zona”, explicó el universitario.

Contribuir desde la ciencia para enfrentar la crisis climática tiene un significado profundamente personal para el autor del proyecto, quien busca heredar un planeta habitable a las próximas generaciones. Por ello, la máxima casa de estudios fomenta la difusión de estos trabajos, con el fin de transformar la investigación académica en políticas públicas que beneficien a la sociedad.

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