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Documentos rusos confirman que Vladimir Putin interfirió para que Donald Trump llegara a la Casa Blanca

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Redacción, 17 de Julio.- Vladimir Putin autorizó personalmente una operación secreta de tres agencias de espionaje del Kremlin para apoyar a un Donald Trump “mentalmente inestable” a ganar las elecciones de 2016 y llegar a la Casa Blanca. Esto ocurrió durante una sesión a puerta cerrada del Consejo de Seguridad Nacional de la Federación Rusa (Sovet Bezopasnosti Rossiyskoy Federatsii, SBRF) del 22 de enero de 2016. Todo esto se sospechaba desde entonces y las unidades de inteligencia occidentales lo corroboraban, pero ahora se conocen los detalles precisos a través de los documentos oficiales del Kremlin que reveló esta semana el prestigioso diario británico The Guardian.

El informe “No 32-04 vd”, clasificado como secreto, describe una reunión de los “siloviki”, los poderosos hombres del Kremlin que se sientan junto a Putin en el “Sovbez” para discutir los temas cruciales de la política rusa, en la que se analizó la mejor manera de interferir en los asuntos internos de Estados Unidos. “Una victoria de Trump conducirá definitivamente a la desestabilización del sistema sociopolítico de Estados Unidos y verá estallar el descontento”, dice el informe presentado en la reunión. Y agrega que Trump es el “candidato más prometedor” desde la “perspektivny” del Kremlin.

“Una victoria de Trump conducirá definitivamente a la desestabilización del sistema sociopolítico de Estados Unidos y verá estallar el descontento”, dice el informe

Hay una breve evaluación psicológica de Trump, a quien se describe como un “individuo impulsivo, mentalmente inestable y desequilibrado que sufre de un complejo de inferioridad”. También una aparente confirmación de que el Kremlin posee “kompromat”, o material potencialmente comprometedor sobre el futuro presidente, de anteriores “visitas no oficiales de Trump a territorio de la Federación Rusa”. El documento se refiere a “ciertos eventos” ocurridos durante los viajes de Trump a Moscú desde los años 80 y un escandaloso encuentro en un hotel durante el certamen de Miss Universo.

“Es sumamente necesario utilizar toda la fuerza posible para facilitar su elección [de Trump] al puesto de presidente de EE.UU.”, dice el documento. Los “siloviki” coincidieron en que una Casa Blanca de Trump ayudaría a asegurar los objetivos estratégicos de Moscú, entre ellos la “agitación social” en Estados Unidos y el debilitamiento de la posición negociadora del presidente estadounidense. De la reunión surgió un documento firmado por Putin en el que se ordena a tres agencias de inteligencia rusas a encontrar “las formas prácticas” de apoyar a Trump durante su campaña. En ese momento, Trump era el favorito para la nominación en las primarias del partido republicano y el informe presentado recomendaba utilizar “toda la fuerza posible” para garantizar una victoria del multimillonario porque de esa manera se lograría el “escenario político teórico” más favorable para Rusia.

A pesar de que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró ayer que la idea de que los líderes rusos se hubieran reunido y acordado apoyar a Trump era “una gran pulp fiction”, no hay dudas de que la reunión de enero de 2016 tuvo lugar. Una foto oficial de la ocasión muestra a Putin a la cabeza de la mesa, sentado entre banderas de la Federación Rusa y bajo un águila dorada bicéfala. Asistieron el entonces primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, y el veterano ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov. También estuvieron presentes Sergei Shoigu, el ministro de defensa a cargo del GRU, la agencia de inteligencia militar rusa; Mikhail Fradkov, el entonces jefe del servicio de inteligencia exterior ruso SVR; y Alexander Bortnikov, el jefe de la agencia de espionaje FSB. Nikolai Patrushev, el antiguo director del FSB, asistió también como secretario del consejo de seguridad.

“Es sumamente necesario utilizar toda la fuerza posible para facilitar su elección [de Trump] al puesto de presidente de EE.UU.
Según el comunicado de prensa oficial, en esa oportunidad se trataron temas relacionados con la economía y la situación en Moldavia. Pero, en realidad, todos los integrantes del consejo recibieron el documento con un largo y aburrido título: “Informe sobre el fortalecimiento del Estado y la estabilización de la posición de Rusia en condiciones de restricción económica externa”. En su interior ocultaba el análisis preciso de personalidad del entonces candidato Trump y las maniobras que se podrían realizar para ayudar a colocarlo al mando de la potencia enemiga. El propósito final era conseguir que se levantaran las sanciones que pesaban en ese entonces sobre la economía rusa que Washington había impuesto como respuesta a la anexión de Crimea.

El autor del documento parece ser Vladimir Symonenko, el alto funcionario a cargo del departamento de expertos del Kremlin, que proporciona a Putin material analítico e informes, algunos de ellos basados en inteligencia extranjera. Los documentos indican que el 14 de enero de 2016 Symonenko distribuyó un resumen ejecutivo de tres páginas con las conclusiones y recomendaciones de su equipo. En una orden firmada dos días después, Putin dio instrucciones al entonces jefe de su dirección de política exterior, Alexander Manzhosin, para que convocara una reunión informativa a puerta cerrada del Consejo de Seguridad. Su objetivo era seguir estudiando el documento, dice la orden. A Manzhosin se le dio un plazo de cinco días para hacer los preparativos.

Se desconoce lo que se dijo dentro de la sala del segundo piso del edificio del Senado del Kremlin. Pero el documento habla de una estrategia para interferir en la democracia estadounidense, enmarcada en términos de “autodefensa justificada”. Se citan varias medidas que el Kremlin podría adoptar en respuesta a lo que considera actos hostiles de Washington. El documento expone varias debilidades estadounidenses. Entre ellas, el “abismo político cada vez más profundo entre la izquierda y la derecha”, el espacio “mediático-informativo” de Estados Unidos y el “ambiente antisistema del presidente Barack Obama”.

El documento no nombra a Hillary Clinton, la rival de Trump en 2016, que resultó ser la mayor perjudicada por las acciones del Kremlin. Aunque sugiere el empleo de recursos mediáticos para socavar a las principales figuras políticas estadounidenses y candidatos presidenciales. Hay párrafos sobre cómo Rusia podría insertar “virus mediáticos” en las redes sociales que podrían ser “autosuficientes y autorreplicantes”. “Esto alteraría la conciencia de las masas, especialmente en ciertos grupos”, dice.

Tras la reunión, según otro documento filtrado, Putin emitió un decreto por el que se creaba una nueva y secreta comisión intergubernamental. Su tarea urgente era realizar los objetivos establecidos en la “parte especial” del documento nº 32-04 \ vd. Entre los miembros del nuevo órgano de trabajo estaban Shoigu, que sería el presidente, Fradkov y Bortnikov. El decreto –“ukaz” en ruso – decía que el grupo debía tomar medidas prácticas contra EE.UU. lo antes posible. Estas se justificaban por motivos de seguridad nacional y de acuerdo con una ley federal de 2010, la 390-FZ, que permite al consejo formular la política estatal en materia de seguridad.

Según el documento, a cada agencia de espionaje se le asignó un papel. El ministro de Defensa recibió instrucciones de coordinar el trabajo de las subdivisiones y servicios. Shoigu también era responsable de recopilar y sistematizar la información necesaria y de “preparar las medidas para actuar en el entorno informativo del objeto”, una orden destinada, al parecer, para hackear objetivos cibernéticos estadounidenses sensibles identificados por el SVR. Esa agencia de inteligencia también recibió la orden de reunir información adicional para apoyar las actividades de la comisión. Al FSB se le asignó la función de contrainteligencia. Putin aprobó el documento, fechado el 22 de enero de 2016, que su cancillería selló.

Tres semanas más tarde, los hackers del GRU asaltaron los servidores del Comité Nacional Demócrata (DNC) y publicaron miles de correos electrónicos privados en un intento de perjudicar la campaña electoral de Hillary Clinton. En octubre de 2016, Obama llamó a Putin para decirle que su intromisión en las elecciones era “un acto de guerra”. El informe de 2019 del fiscal especial Robert Mueller calificó la operación del Kremlin de “amplia y sistemática”. En 2020, el comité bipartidista de inteligencia del Senado dijo que había sido “agresiva y multifacética”. Y detallaron una serie de reuniones entre el espía del GRU Konstantin Kilimnik con el jefe de la campaña de Trump, Paul Manafort para coordinar las acciones. Manafort proporcionó a Kilimnik datos confidenciales de la contienda y de sus rivales. Luego, cuando Trump ya estaba instalado como presidente, durante la cumbre de 2018 en Helsinki con Putin, ambos presidentes negaron enfáticamente cualquier intervención en las elecciones.

Pero los documentos revelados ahora contradicen esta afirmación. Muestran que el presidente ruso, sus jefes de inteligencia y sus más altos ministros estuvieron íntimamente involucrados en una de las operaciones de espionaje más importantes y audaces del siglo XXI: un complot para ayudar a llegar al “mentalmente inestable” Trump a la Casa Blanca.

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