Connect with us

Opinión

Jesuitas en Nueva España

Publicado

el

En 1572, llegaron a la Nueva España quince miembros de la orden de la Compañía de Jesús encabezados por el padre Pedro Sánchez. Llegaron desde España, por las múltiples peticiones de las autoridades virreinales y la sociedad novohispana para que vinieran a evangelizar a los pueblos indios, pero, sobre todo, a educar a los hijos de las élites. Se habían formado en 1540, bajo la dirección de Ignacio de Loyola con el nombre en latín de Societas Iesu. Sus votos eran los mismos que los de las demás órdenes mendicantes como los Franciscanos, Agustinos y Dominicos, el voto de la pobreza, la castidad y la obediencia a los sacramentos. Los ignacianos, como también se les conoció, implementaron un cuarto voto: obediencia al Papa.

Una obediencia directa para lo que el Sumo Pontífice necesitara en tiempos donde la Reforma de Lutero y la expansión ultramarina de los Imperios hacían mella en la fe católica. De tal forma que, gracias a diferentes bulas papales, los jesuitas fueron desplegados en los territorios que los Imperios católicos como el español iban conquistando. En Nueva España, se desplegaron en dos grandes rubros. Por un lado, las misiones del norte novohispano, en donde intentaron evangelizar, a veces sin mucho éxito, a los indios nómadas que poblaban regiones del desierto. Entre cactáceas y el calor sofocante los misioneros quisieron formar pueblos de indios, enseñándoles el evangelio y preparándolos para el trabajo. Por otro lado, y de forma más afortunada, se quedaron en el centro otros misioneros jesuitas, para educar a los hijos de las élites y también a algunos indios.

            Para ello fundaron colegios, de entre los que se destacaron varios, como el Colegio de San Ildefonso y el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, en la actual ciudad de México. Como bien lo investigó la doctora Clementina Díaz y de Ovando, la educación en el Colegio Máximo estaba compuesta por la oración, lecciones morales, exámenes, lecciones espirituales, lecciones de escritura, estudios teológicos y de artes, entre otras cuestiones. Su relación con la sociedad novohispana, a pesar de que algunos misioneros jesuitas no obedecieron todos los votos como Gaspar de Villerías, fue siempre muy buena. Pero justamente sus relaciones de poder y la gran fortuna que amasó la Compañía fue lo que soterradamente propició la sospecha de la Corona española. El Imperio ya no los veía como socios útiles sino como competidores, creadores de un Estado dentro del Estado. Bajo la excusa de haber orquestado el motín de Esquilache, fueron expulsados de todos los territorios del Imperio español. En Nueva España, eso sucedió en 1767, cuando Carlos III los obligó a ceder todas sus posesiones y partir del puerto de Veracruz en barco, rumbo al exilio.

Lic. Carlos A. Carrillo Galicia

Licenciado en Historia de México y estudiante de la Maestría en Historia, ambas en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Actualmente ocupa el cargo de instructor de Historia, Filosofía y Literatura en el Centro de Educación Continua y a Distancia (CECyD-UAEH), así como la presidencia de la Asociación de Historiadores Egresados de la UAEH.

Facebook: @histcarloscarrillo                Correo: hist.carlos.a.c.g@gmail.com

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *