Opinión
La columna #EconomíaVersusPolítica de Cesar Peña «Vaticano pederasta»

La cumbre contra la pederastia convocada por el máximo jerarca del catolicismo, Francisco, aparece más como obligación externa que por voluntad de ese credo, que en las últimas tres décadas no ha dejado de estar en el ojo del huracán por esta delincuencia sacerdotal que los sigue hundiendo en el descrédito y la inmoralidad.
Los presuntos representantes de Dios en la tierra ya demostraron que además de no ser ningunos iluminados ni infalibles en materia teológica como no lo son tampoco en materia terrenal, siendo de la peor casta cuando de convivencia social se trata.
Si con la llegada del año 2000 el catolicismo daba tumbos de incertidumbre al acumular escándalo tras escándalo, siendo de los más importantes el vatileaks, el lobby gay, la pornografía en el Vaticano y la corrupción moral del Banco del Vaticano (Instituto para la Obras de la Religión) , que hasta lavaba dinero del crimen organizado.
El catolicismo no sólo vendió su alma al diablo metafóricamente; se puso a hacer tratos directamente con él, sin intermediarios, sin filtros, porque eso de meterse a violar niños, mujeres y practicar la homosexualidad que siempre han rechazado, habla de que ahí adentro existe algo parecido a una sucursal del infierno.
Cada paso que da Bergoglio por el mundo, ya no tiene el matiz de antaño de saludar a las masas sedientas de esperanza y consolación (aunque siempre pudieron hacer mucho más), tratar en la pastoral, la agenda de la Iglesia o simplemente ser el foco distractor en materia diplomática.
Hoy, cada visita es para que innumerables víctimas se le acerquen para denunciar casos de pederastia, muchos nuevos, pero también muchos que se gestaron desde hace décadas, cuyas voces de silencio por fin gritaron la tortura a que fueron sometidos de parte de este clero retorcido.
Y es que la impunidad fue la regla de oro en el seno del catolicismo. Dejar encerrados a los pequeños corderos en la jaula con el lobo – sacerdote, siempre tuvo como resultado el abuso sexual repetido, a veces por años. Sabía el clero y el Papa que el miedo llevaría a evitar la denuncia, y en caso de que la hubiera, nadie le daría eco y acabaría por perderse en el olvido.
La pandemia de pederastia que vive el cristianismo, vuelve a poner a flote la sospecha de toda una estructura que organizaba y posibilitaba estos delitos y por lo tanto, la existencia del crimen organizado, delito que persiguen las autoridades internacionales y de casi todos los países del mundo.
Esta comisión deliberada de pederastia, debe obligar a replantear que al catolicismo se le quite el registro de Asociación Religiosa y sea sancionada de manera severa sin importar que el 80 por ciento de los mexicanos sigan siendo católicos, pero una minoría en el globo de apenas una séptima parte.
Es tiempo de demostrar que las instituciones están realmente por encima de cualquier grupo, sea este religioso o político, y que si realmente nos ocupa la niñez, se aplique todo el paso de la ley con la que se castigan otros delitos. No más culpa moral de jueces, ministerios públicos y sociedad por llevar a la cárcel a esos curas que no tienen ningún freno en destruirle la vida a los infantes.
* Escritor, periodista y economista