Opinión
La maravilla de la vida: los espermatozoides

César Peña *
La vida es algo que ha intrigado desde siempre a todo aquel que tenga curiosidad científica. ¿De dónde venimos? ¿Cómo se forma un ser humano? Tales preguntas inician con el fascinante proceso de la fecundación, en la que los espermatozoides juegan un papel trascendental en la generación de vida nueva de un ser humano.
Según explica la doctora Paulina Zúñiga, el cuerpo humano de un varón es una fábrica microscópica que trabaja todos los días, sin descanso. “Esa fábrica está en los testículos, específicamente dentro de unos conductos muy delgados llamados túbulos seminíferos. Ahí comienza la historia”.
En todo esto, tienen una relevancia toral unas células llamadas espermatogonias, que son como células “madre”. Estas células se dividen y maduran poco a poco en un proceso conocido como espermatogénesis. Este camino no es rápido: formar un espermatozoide funcional puede tardar alrededor de 64 a 74 días.
Durante ese tiempo, las células pasan por varias etapas en las que primero se multiplican, después reorganizan su material genético y finalmente, se transforman en células altamente especializadas: los espermatozoides. Mientras esto ocurre, otras células cumplen funciones clave.
Las células de Sertoli actúan como cuidadoras: nutren y protegen a los espermatozoides en desarrollo. Otras células, las de Leydig, por su parte, producen testosterona, la hormona esencial para que todo el proceso funcione correctamente.
Cuando los espermatozoides ya están formados, aún no están listos para “cumplir su misión”. Viajan entonces al epidídimo, donde maduran y adquieren la capacidad de moverse. Solo después de este recorrido están preparados para participar en la fertilización.
Este delicado proceso depende de muchos factores: equilibrio hormonal, temperatura adecuada; de ahí que los testículos están fuera del abdomen, casi siempre un grado menor que el resto del cuerpo, buena salud general y hábitos de vida saludables.
Entender cómo se forman los espermatozoides ayuda a comprender por qué ciertas enfermedades, infecciones, el estrés, el consumo de sustancias o alteraciones hormonales pueden afectar la fertilidad masculina.
Pero lo más fascinante es que el espermatozoide aporta la mitad del ADN (material genético) del futuro bebé, contenido en su cabeza, el cual se combina con el ADN del óvulo para formar un nuevo ser; sin embargo, no aporta ADN mitocondrial, que se hereda exclusivamente de la madre, ya que el espermatozoide maduro no tiene este ADN intacto.
La integridad del ADN del espermatozoide es crucial para un embarazo exitoso, y su fragmentación (rotura) puede causar problemas de infertilidad y desarrollo embrionario, aunque existen técnicas para evaluar y mejorar esto.
Todo esto nos lleva a que somos un milagro de la vida. Cada uno ganó su propia lucha contra miles o millones de espermatozoides y luego, contra la posibilidad de la fecundación, siendo cada ser una maravilla que encontró resueltas todas esas posibilidades para existir.
- Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.






