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Opinión

México hierve en 2026

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Hay años que se sienten en la piel antes de entenderse en los datos. El 2026 en México es uno de ellos. Apenas comenzó la primavera y buena parte del país ya vive jornadas por encima de los 35 grados centígrados, mientras varias entidades han rozado o superado los 40. El calor llegó temprano, intenso y con la advertencia de que todavía falta mayo, históricamente uno de los meses más duros.

No se trata solamente de “hacer más calor”. Eso sería minimizar el fenómeno. Lo que vemos es una combinación peligrosa: temperaturas extremas, sequía en algunas regiones, lluvias irregulares en otras y ciudades construidas para el automóvil y el concreto, no para resistir olas térmicas. El resultado es un país donde trabajar al aire libre, usar transporte público o simplemente caminar unas cuadras puede convertirse en una prueba física.

En México solemos bromear con el clima: que si “ya se soltó el infierno”, que si “nomás falta freír un huevo en la banqueta”. Pero el humor popular ya no alcanza para ocultar el problema. Las olas de calor son también crisis de salud pública. Aumentan los golpes de calor, la deshidratación y los riesgos para niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. Las autoridades meteorológicas lo han advertido de forma reiterada este año. ()

Y luego está la desigualdad térmica. El calor no golpea igual a todos. Quien tiene aire acondicionado, coche y sombra lo resiste mejor. Quien vende en la calle, trabaja en obra, viaja dos horas en combi o vive en una vivienda con techo de lámina enfrenta otra realidad. En México, incluso el clima exhibe la brecha social.

La pregunta incómoda es por qué seguimos reaccionando como si esto fuera excepcional. Los récords de temperatura global y los eventos extremos se han vuelto más frecuentes en los últimos años, impulsados por el cambio climático y otros factores atmosféricos. No estamos ante una anomalía pasajera; estamos entrando en una nueva normalidad climática. ()

¿Qué debería hacer México? Mucho más que repartir botellas de agua cuando aprieta el sol. Hace falta arborización urbana seria, infraestructura hídrica moderna, alertas tempranas, horarios laborales flexibles en jornadas extremas, transporte público digno y ciudades menos hostiles al peatón. También una conversación nacional sobre cómo adaptarnos sin seguir agravando el problema.

Porque el calor de 2026 no es solo una temporada incómoda. Es un mensaje. Y México haría bien en escucharlo antes de que el termómetro vuelva a gritar.

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