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#Opinión #Isidro Pérez Cruz EMPRENDEDORES, INVERSIONISTAS Y EMPRESARIOS: EL MILAGRO QUE MÉXICO NECESITA

“Milagro llamo a lo que, siendo arduo e insólito, parece rebasar las esperanzas posibles y la capacidad del que lo contempla”. – San Agustín
El milagro mexicano (1940-1970) periodo en el que el PIB mexicano crecía a 6% anual, ha sido la quimera de muchos políticos que añoran regresar ese auge, aunque tuvo distintas variables para que fuese posible, tanto externos, como la demanda de productos procesados por Europa y Estados unidos de la posguerra e internos como proceso de industrialización de México, pero a pesar de los esfuerzos de distintos gobiernos no se ha vuelto a repetir esas cifras en los últimos 50 años.
Partamos que este año el PIB nacional solo se ha movido un 0.1% y a pesar de lo que muchos quieran pensar o hacer creer esta medida macroeconómica está sujeta directamente a la productividad de todos los sectores del país, se puede notar una caída en las inversiones tanto públicas como privadas y como sabrán ya hay bastantes análisis de las primeras, pero se encuentran poca referencia en las segundas y es en estas a las que le dedicare las siguientes líneas.
No hay que perder de vista que la inversión privada es la que realmente mueve al país y esta abarca desde la construcción de nuevos parques industriales hasta la remodelación de una casa habitación, pasando por el emprendimiento mismo y muy ligado a este factor se encuentra el consumo nacional.
Basta con observar a los demás países de la región para darnos cuenta que muchos tienen problemas macroeconómicos y que (sin conceder) a pesar del minúsculo crecimiento mexicano, este se sigue moviendo. Sin embargo, desde hace ya tres décadas este tampoco ha sido sobresaliente creciendo apenas un 2% anual.
Uno de los factores que han mantenido tan bajo crecimiento son son los recursos naturales con los que cuenta el país, sí leyó bien, los recursos naturales limitan el crecimiento ya que son los productos transformados y no las materias primas las generan mayor riqueza y en México las principales exportaciones se centran en comoditys(maíz, aguacate, oro, plata, petróleo etc.) teniendo una utilidad muy reducida, mientras que la mayor parte de la industria de exportación, en especial la tecnológica y automotriz son maquila de empresas extranjeras.
Es cierto México también cuenta con empresas de talla internacional pero todas se encuentran en sectores muy tradicionales (construcción, bebidas y retail), además estas son sensibles a los nuevos cambios tecnológicos que estamos viviendo, además de que sus procesos tienen poco valor agregado.
A pesar de que las universidades mexicanas sobresalen por el nivel de investigación, esta se queda solo en la academia y no llega a trascender al sector productivo nacional, haciendo que el país pierda competitividad al importar productos y servicios cada vez más sofisticados y obligando a su talento humano a migrar a otros países. Captando así solo a mano de obra poco capacitada, haciendo a la hora del mexicano de las más baratas del mundo, y por lo tanto reduciendo la calidad de vida de los trabajadores.
Si bien algunos gobiernos implementan programas que fomentan la ciencia y tecnología es la industria quien debe capitalizar todas las patentes y llevarlas al terreno productivo, como muestra solamente .5% del PIB se invierte en este rubro, además que esta inversión es financiada por el Estado y difícilmente existe continuidad entre administraciones públicas.
Dejando ver que las empresas mexicanas poco se enfocan en desarrollar tecnología, la cual no necesariamente tiene que ver con computadoras o celulares, esta abarca desde los procesos de fabricación hasta la innovación en sus productos. Todo esto sumado a que en México la demanda interna está lejos de satisfacerse, es decir que hay más gente comprando bienes y servicios que gente produciéndolos. Los datos muestran que mientras en 2012 la demanda interna era satisfecha en 68.5% por bienes producidos en el país, en 2015 estos bienes solo cubrieron 66.3%, cediendo terreno a las importaciones en poco más de 2 puntos porcentuales (Forbes México, 2016), deja abierta una gran oportunidad para el crecimiento del país.
Si pretendemos sobresalir como emprendedor o empresas debemos entender que este juego se llama innovación y la ventaja de vivir en un país en desarrollo es justamente que se puede desarrollar y no todo está inventado, lo cual se traduce en una oportunidad muy interesante, para apostar a nuevos rubros. Es por eso que el desarrollo económico que deseamos solo es posible incentivando el emprendedurismo y la inversión privada.
En resumen son los emprendedores y empresarios quienes tienen que aprovechar todas las oportunidades que ofrece el ecosistema productivo mexicano, que cuenta con enorme mercado y que por si fuera poco mucho se verá beneficiado por la guerra comercial entre Estado Unidos y China. Al final como solía decir un maestro existen dos posibilidades para que México pueda convertirse en una potencia mundial, la realista y la fantasiosa; la realista consiste en que un día baje la Virgen de Guadalupe para ayudarnos y la fantasiosa es que todos los mexicanos nos pongamos a trabajar¿usted por cuál va?
Carpe diem