Opinión
#Opinión La columna #DeFrenteAlPaís por Alfonso Ángeles: «Covid 19 versus Educación en México».

En medio de la Pandemia de COVID-19 muchas situaciones han quedado al descubierto en Materia educativa en nuestro país. Empezare por tratar de descifrar algunas de las más evidentes y que son tema de conversación entre el gremio magisterial, padres de familia y sociedad en general.
Ha quedado al descubierto que la Casa no puede ser la escuela, ni los papás pueden ser profesores. Es cierto que, en la casa se educa en valores, hábitos, formas de comportarse, y en acciones que deben ser socialmente correctas e incluso a enfrentar y defenderse del exterior o del ambiente fuera de casa. Sin embargo, se debe entender que el grueso de padres de familia en nuestro país no tiene la preparación mínima para apoyar a sus hijos en las actividades escolares, pues muchos padres de familia no terminaron sus estudios de educación básica, o peor aún, tienen que salir a trabajar para llevar alimento y sustento diario a casa, por lo que las tareas evidentemente quedan en ultimo lugar, y ya no sumemos a estos dos aspectos, la falta de paciencia o tolerancia hacia los hijos para poder apoyarlos con las tareas al menos de manera positiva o de aliciente para con sus hijos. Lo que queda al descubierto que el papel y el rol del maestro jamás podrá ser sustituido por los padres de familia, que insisto no todo el grueso de población tiene los conocimientos para poder guiar o asesorar a sus hijos en las tareas. Y, por si fuera poco, la mayoría de los hogares no tiene acceso o conexión a internet para poder realizar enlaces o videoconferencias lo que demuestran una brecha y rezago digital-tecnológico en nuestro país. hasta aquí en cuanto a este primer punto.
Por otro lado, hay que reconocer que se ha hecho evidente el analfabetismo digital, la falta de planificación y la brecha educativa, que son obstáculos para el profesorado en medio de una transición de aprendizaje de emergencia propiciado por la Pandemia de COVID-19. Pues es evidente que el sistema educativo en nuestro país y en todo el mundo ha tenido que transitar sin muchas alternativas hacia el mundo del aprendizaje en línea.
“Querer o desear que el niño aprenda desde una pantalla con información, es un error”, apuntan infinidad de especialistas en materia educativa. Pues a decir de muchos, la tecnología solo es un recurso, una herramienta, un apoyo digital, del cual muchos aún ni tienen, ni conocen, y mucho menos son capaces de manipular. Enseñar y aprender en un proceso que los padres no están obligados a saber, pero ahora tienen la responsabilidad de desarrollar nuevas destrezas para apoyar a sus hijos.
No se trata de ser pesimista, sino realista ante un escenario como el que se presenta en nuestro país. Y que tiene a casi todos los sectores de la sociedad vueltos locos. Así mismo, el nivel básico ha sido el más sorprendido con la desagradable experiencia que ha representado este cambio tan inesperado, siendo este un entorno totalmente desconocido para la mayoría de los docentes, quienes en su gran mayoría no están preparados para afrontar este desafío.
Por otra parte, el inminente regreso a clases después del aplanamiento de la curva de contagios dice las autoridades de salud que, a razón de ser honesto, no estoy muy seguro sin ser experto que esto suceda realmente. No será para nada fácil, pues dependerá de la evaluación que hagan las autoridades en materia de salud y educación. Lo cierto es que, tarde o temprano la escuela estará de vuelta a su forma habitual presencial. Pero, hay varias situaciones que me resultan interesantes y no menos preocupantes en las vísperas del regreso a las aulas.
En el tema de los filtros sanitarios y de la aglomeración de alumnos que existen en las aulas y me refiero específicamente a las escuelas públicas de educación básica. Que en su mayoría tienen en promedio grupos de 40 alumnos. Cabe la duda y preocupación del ¿Cómo habrá de evitarse posibles contagios en grupos saturados o sobresaturados de alumnos?, evidentemente la incógnita e incertidumbre aún está en el aire hasta en cuanto las autoridades educativas y de salud no emitan cuáles serán los protocolos de regreso a clase para evitar contagios entre los alumnos, padres de familia y maestros. Pues ahora el punto de propagación estará centrado en las escuelas, sus estudiantes y en los maestros. Pues esto se hace latente en entornos físicos áulicos que no cuentan con las condiciones de infraestructura básica para propiciar las medidas de higiene y seguridad sanitaria, ya que muchos planteles a nivel nacional no cuentan con aulas suficientemente ventiladas o espaciosas, y que decir de contar con el vital líquido, energía eléctrica, recolección y separación de basura, filtros para beber agua, drenaje, dispositivos y protocolos de seguridad, sanitarios limpios y en condiciones, hábitos de higiene, entre muchos otros aspectos a considerar.
No menos importante, la existencia de carencias en el rubro de estructura, organización y funcionamiento de las instalaciones educativas, lo cual evidentemente hace aún más difícil evitar que se puedan presentar nuevos casos o peor aún, un rebrote de las mismas. De ahí, que las medidas que adopte la autoridad educativa y de salud serán cruciales para un regreso a clases más o menos efectivo y que garantice a niños, niñas y adolescentes condiciones que les permitan estar en un entorno libre de contagios o de propagación.
El tercer aspecto tiene que ver con la forma de relacionarnos con los alumnos, el distanciamiento social es casi imposible con los alumnos a la par de los gastos que habrán de realizar las familias para el regreso a clase en medio de padres de familia que perdieron el empleo y fueron despedidos o descansados de manera indefinida. Esto en razón de que los niños, niñas y adolescentes cumplan con las condiciones mínimas de seguridad e higiene elementales y necesarias para evitar en lo posible la transmisión de enfermedades virales o bacterianas presentes en el entorno más allá del COVID-19 y de la actual situación coyuntural que se vive.
La economía familiar está mermada y a punto del colapso, pues la pandemia trastoco y puso a temblar a la mayoría de familias que viven al día. Y que a raíz del regreso a clase el grueso de los estudiantes si o si deberán cumplir con ciertas condiciones sanitarias por un buen rato como por ejemplo, el uso de cubrebocas durante la jornada escolar, evitar asistir a clase si presenten cualquier sintomatología o enfermedad respiratoria, no menos importante el uso de gel antibacterial y lavado frecuente de manos que ahora esa actividad podría ser parte de las famosas pausas activas, que bien podrían llamarse pausas preventivas de higiene y mitigación. Por otro lado, se requerirá del lavado de pisos, patios y espacios donde convergen y conviven los alumnos y maestros, pues se echará mano de cloro, agua, jabón, escobas, trapeadores, recogedores, fibras, enseres de limpieza y sanitización que generará un gasto económico importante. Ante todo, ello, me pregunto ¿Qué pasara con las escuelas y sociedad que no tengan o cuenten con las condiciones o servicios básicos de higiene para poder evitar un posible contagio de COVID-19 entre las comunidades escolares?
La reflexión final seria, y si no se cumplen con los protocolos mínimos de seguridad e higiene para el regreso a clases, estaremos sin lugar a duda ante un reto enorme para el retorno a clases de manera presencial, la bolita de posibles contagios y propagación estará en el terreno educativo. Sin duda estamos y estaremos en la antesala de una nueva forma y manera de convivir, de relacionarnos, de cuidarnos, de ser empáticos, asertivos, solidarios con los alumnos y consigo mismo. Pues nada volverá a ser igual ante la desagradable experiencia que ha traído consigo el COVID-19.
Las autoridades educativas si o si deben dar muestras de profesionalismo y sensibilidad hacia las comunidades educativas menos favorecidas, no se trata solamente de regresar por regresar. Se tiene que tomar en cuanto todos los escenarios adversos que están viviendo cientos y miles de familias para que continúen mandando a sus hijos a la escuela y evitar la deserción escolar. Buscar esquemas de apoyo para las familias de los niños para el sustento y el gasto que traerá consigo el regreso a clases. En fin, falta mucho por hacer y espero se haga muy bien, por parte de las autoridades educativas y de salud. Anteponiendo siempre el bienestar de todos los niños, niñas, jóvenes, maestros y comunidad educativa en general.