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Ciencia y Tecnología

Ciudades fragmentadas, el reto de la vivienda deshabitada en México

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La mala planeación del crecimiento urbano en México, sumada a la falta de políticas públicas para abordar la problemática de la vivienda deshabitada, está generando graves desafíos en términos de acceso a esta y a la cohesión social, indicó Alfredo Pastén Hernández, egresado del Doctorado en Políticas Públicas del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (ICSHu) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH).

A través de la investigación “Vivienda Deshabitada y Ciudad Fragmentada: Dinámicas Espaciales en la Zona Norte del Valle de México”, el egresado Garza identificó dos fenómenos críticos contemporáneos: las casas abandonadas, que son las que están deterioradas y sin dueño; así como las deshabitadas, que son una propiedad privada en buen estado, con dueño, pero vacía.

Tras analizar la situación de los municipios de Tizayuca, en Hidalgo, así como Tecámac y Ecatepec, en el Estado de México, durante los años 2010 y 2020, observó cómo las políticas públicas han favorecido modelos de urbanización que promueven la fragmentación y la segregación social, contribuyendo a la concentración de viviendas deshabitadas en zonas con mayor calidad de vida, específicamente en fraccionamientos o zonas habitacionales cerradas, lo que a su vez genera mayor desigualdad social.

Este modelo de urbanismo cerrado se caracteriza por la presencia de rejas, bardas, casetas de vigilancia y otros elementos que restringen la interacción social, limitando no solo la cohesión entre las y los residentes de los fraccionamientos y los habitantes de los alrededores, sino también la compra de casas o predios en estas áreas, debido a que los costos se elevan y se vuelven inaccesibles para la mayor parte de la población.

Aunado a ello, el especialista Garza explicó que el gobierno está privilegiando el acceso a servicios básicos, como agua, recolección de basura, alumbrado, transporte y educación, en este tipo de complejos habitacionales, desprotegiendo a las zonas populares. Asimismo, las políticas públicas están diseñadas únicamente para recuperar la vivienda abandonada, mientras las constructoras aprovechan la especulación inmobiliaria para comprar terrenos baratos a la espera de que surjan megaproyectos para incrementar el valor económico posteriormente.

Ante este panorama, Pastén Hernández advierte sobre la necesidad urgente de regular el mercado del suelo para evitar el acaparamiento y la especulación, incentivar la construcción de centros urbanos inclusivos y reorientar las políticas de vivienda con un enfoque social que beneficie a los sectores medios, medios-bajos y bajos, quienes realmente requieren de un espacio que garantice un acceso igualitario a entornos dignos para no reproducir desigualdades.

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