Opinión
La columna #DeCaraAlPaís de Alfonso Ángeles «Tlahuelilpan, 1 mes después, de la emergencia a la reconstrucción del tejido social en el Valle del Mezquital».

A un mes de la trágica explosión de un ducto de Pemex en la comunidad de San Primitivo en el Municipio de Tlahuelilpan, se percibe un ambiente de incertidumbre y duelo generalizado de una herida que va a tardar en cerrar en la sociedad en general y, sobre todo, de las personas que directa o indirectamente perdieron a un familiar en la explosión. La cifra llego a rebasar a más de 125 personas y aún siguen un sinfín de desaparecidos que evidentemente nunca más volverán a casa. Sin embargo, la Pregunta sigue en el aire ¿Qué sigue en cuanto a la reconstrucción del tejido social dentro del municipio y desde luego en todo el valle del mezquital en el cual se vio permeado por el robo y trasiego de Huachicol? La respuesta es concreta. Urge la reconstrucción del tejido social. Pero ¿Cómo tendría que ser dicha reconstrucción del tejido social en esta región?, Por cierto, catalogada como una de las zonas o valles más grande de la República Mexicana y en algún momento la zona más contaminada por las aguas negras provenientes de la CDMX y Estado de México y por las emisiones contaminantes de la Refinería Miguel Hidalgo, ubicada en Tula, Hidalgo.
Si bien es cierto, el problema del robo de combustible era una situación inminente en toda la región del Valle del Mezquital también es cierto que, varios sectores de la sociedad no estaban de acuerdo por las implicaciones sociales que trajo consigo. Sin embargo, era una practica cada vez más común porque evidentemente había muchos que compraban dicho producto. De tal suerte que, en México el tema del tejido social ha quedado trastocado, fragmentado y debilitado; no solamente los datos lo dicen, se perciben día a día, cuando conocemos sobre violaciones sistemáticas a los derechos humanos, personas en situación de pobreza, la desigualdad social, económica y política, periodistas asesinados, alumnos desaparecidos ministros de culto amedrentados, la militarización de las calles, los cientos de muertos y desaparecidos, el narcotráfico, secuestro exprés, el tráfico de órganos, trata de blancas, la descomposición social en su máxima expresión, los feminicidios, que por cierto Hidalgo figura dentro del Top 5 y evidentemente los que se sirven de un sistema corrupto, con alto grado de opacidad, un estado de derecho vulnerable e impune, opulencia de unos cuantos y hundidos en la pobreza millones de mexicanos. En pocas palabras, un Estado que no funciona, un Estado devaluado, un Estado fallido, sobresaturado de corrupción y carente de alternativas de crecimiento y desarrollo en todos los ámbitos y estratos sociales. Sumidos en la más profunda crisis de valores sociales, culturales, éticos y que no decir, de un sistema político, educativo, económico, financiero y de salud desprovisto de calidad en todo sentido.
De ahí la importancia de reflexionar sobre los temas mencionados y analizar la urgencia de reconstrucción del tejido social, el cual se encuentra en fase intensiva a punto del colapso, y sobre todo el restablecimiento de la unión de relaciones personales e institucionales que le dan consistencia a una localidad, entidad o país.
Pero ¿Qué es el tejido social?, pues bien, este se entiende como la configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social. Pareciera un escenario pesimista, sin embargo, toca a las instituciones de todos los ordenes de gobierno sumar no solo voluntad y buenas intenciones sino, más bien, toca a todos los ordenes de gobierno poner en marcha acciones concretas que redunden en la reconstrucción del tejido social en toda la región del Valle del Mezquital y porque no decirlo del País en general.
Además, toca a la sociedad, instituciones y órganos de gobierno reconstruir el tejido social porque este se ha desgarrado y degradado socialmente, las relaciones entre las personas se han fragmentado, la confianza en las instituciones públicas se ha perdido y toca por supuesto al sector educativo retomar el rumbo y abordar como prioridad la reconstrucción del tejido social en la sociedad con la cual convergen y de la cual somos parte. Pues evidentemente la sociedad de hoy, tras los hechos lamentables ocurridos en San Primitivo, la gente ya no confía en las autoridades, todo lo que representa autoridad es motivo de rechazo, odio y fobia hacia su investidura. La sociedad vive con miedo, inquietud, ansiedad y preocupación por el medio en que se desenvuelve y es parte.
El gran atentado contra el tejido social podría resumirse en desconfianza e inseguridad, que lleva a cambiar hábitos, los cuales fragmentan la convivencia social y generan sospecha de todos y contra todos. Pues encontrar una ruta para la reconstrucción del tejido social no será tarea fácil; sin embargo, todos los caminos y vías deben incluir el promover, proteger y preservar la dignidad humana, el respeto irrestricto hacia el otro, la solidaridad como sociedad, y desde luego, entender que hay normas y reglas que cumplir, que se tiene que preservar la integridad de la persona a como dé lugar, el reconocimiento del otro y la relación fraterna. La honestidad y credibilidad como valor universal para empezar a generar un cambio verdadero de conciencia entre la sociedad. Y hacer patente el dialogo y entendimiento como razón de ser y convivir.
Insisto falta mucho por hacer y toca a todos como sociedad poner un granito de arena ante una emergencia como la ocurrida hace un mes en Tlahuelilpan, para lo cual, urge reconstruir el tejido social no solo de la región del valle del mezquital sino del país entero y eso depende y es tarea de todos tomar conciencia y asumir el compromiso como sociedad en general y desde luego, de todas las instituciones públicas y privadas quienes deben asumir la responsabilidad social acerca del rescaté y atención de todos los sectores de la sociedad en general, especialmente de niños y jóvenes con la firme intención de generar grandes cambios, para crear una sociedad de hombres y mujeres comprometidos con su actuar y con la sociedad y no volver a cometer los mismos errores que han trastocado a toda una región como lo es el Valle del Mezquital.
Escribe Mtro. Alfonso Ángeles C.