Connect with us

Opinión

Grandes perdedoras… pero ganadoras del Óscar

Publicado

el

Falta muy poco para conocer a los ganadores de la 98ª edición de los premios Óscar de la Academia. La cita será el próximo domingo 15 de marzo en el Dolby Theatre de Hollywood, en Los Ángeles, California. Ese día sabremos qué películas resultaron las grandes triunfadoras, pero también conoceremos a las grandes perdedoras: aquellas que pasan a la historia por acumular un número importante de nominaciones y que, al final de la noche, ganan poco… o nada.

En esta ya muy próxima ceremonia de entrega de la estatuilla dorada de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas hay varios títulos que superan las ocho nominaciones, entre ellos Sinners (Pecadores), que ostenta el récord histórico de mayor número de candidaturas con 16, desplazando a Titanic (1997), All About Eve (Eva al desnudo) de 1950 y La La Land (2016), que durante décadas compartieron la marca de 14 nominaciones.

En la trayectoria de los premios Óscar, la atención suele centrarse en las grandes vencedoras: películas que arrasan con estatuillas y se instalan para siempre en la memoria colectiva del mundo cinéfilo. Sin embargo, existe otra historia, mucho menos celebrada pero igualmente reveladora: la de aquellas películas que llegaron a la gala con una avalancha de nominaciones y terminaron la noche con las manos vacías, sin mayor atención mediática posterior.

Existen dos casos paradigmáticos: The Turning Point (Paso decisivo, 1977), un drama ambientado en el mundo del ballet dirigido por Herbert Ross y protagonizado por Anne Bancroft, Shirley MacLaine y el legendario bailarín soviético Mijaíl Barýshnikov. La película obtuvo 11 nominaciones al Óscar. El mismo destino tuvo The Color Purple (El color púrpura, 1985), de Steven Spielberg, magnífica adaptación de la novela homónima de Alice Walker. Con un poderoso elenco afroamericano encabezado por Danny Glover, Whoopi Goldberg y Oprah Winfrey, la cinta también acumuló 11 nominaciones… y no ganó ninguna estatuilla.

Hoy pocos recuerdan The Turning Point; con el paso del tiempo, su aportación cinematográfica se ha diluido. Caso contrario al de The Color Purple, que se convirtió casi de inmediato en un símbolo de la lucha afroamericana en Estados Unidos. Su director, Steven Spielberg, no necesitó ganar ningún premio por esa película: su carrera ha estado marcada por éxitos, reconocimientos y enormes taquillas. Hoy se cita con mayor frecuencia a este filme que a la ganadora de la 58ª edición de los Óscar, Out of Africa (Memorias de África), dirigida por Sydney Pollack, una obra que, pese a su triunfo en aquella gala, no logró la trascendencia en el tiempo que solo algunas películas alcanzan.

Hay otro caso que, en lo personal, me llama aún más la atención que estas historias de cintas multinominadas y derrotadas: el de Martin Scorsese. Sin duda uno de los grandes directores del Hollywood contemporáneo, un cineasta que con cada película parece entregar una nueva obra mayor. Y, sin embargo, tres de sus filmes acumularon treinta nominaciones al Óscar —diez cada uno— sin ganar una sola estatuilla.

Gangs of New York (Pandillas de Nueva York, 2002), una pintura fílmica del Manhattan que tanto obsesiona a Scorsese, situada en el siglo XIX, se fue sin premio alguno de los diez a los que aspiraba. Lo mismo ocurrió con The Irishman (El irlandés, 2019), quizá su proyecto más ambicioso, que en 2020 se quedó únicamente con sus diez nominaciones. Y más recientemente sucedió con Killers of the Flower Moon (Los asesinos de la luna, 2023), otra demostración de la maestría de un director que ha hecho del cine una forma de exploración histórica y moral: en la ceremonia de 2024 tampoco logró convertir en estatuilla ninguna de sus diez candidaturas.

Y qué decir de The Shawshank Redemption (Sueño de fuga), película que en 1995 no ganó ninguna de sus siete nominaciones al Óscar, incluida la de Mejor Película. Paradójicamente, esta obra dirigida por Frank Darabont, protagonizada por Morgan Freeman y Tim Robbins;  basada en un relato de Stephen King, es considerada hoy, en varios rankings internacionales, como la mejor película de la historia.

Acumular un gran número de nominaciones al Óscar no asegura nada: ni taquilla, ni permanencia en la memoria del espectador, ni siquiera el favor de la crítica. Pero tampoco irse con las manos vacías es sinónimo de fracaso. En ocasiones, el verdadero premio del cine llega con el tiempo: cuando la historia, el público y la memoria cinematográfica colocan a una película en el lugar que merece.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *