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Opinión

La pasión de la cancha en el cine

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El balón está rodando. Mientras los ojos del mundo se posan sobre los estadios de México, Estados Unidos y Canadá, la máxima justa mundialista interrumpe —aunque sea por noventa minutos— la atención sobre las crisis políticas, los desgarros sociales y las batallas personales de cada espectador.

«El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes«, frase acuñada por el entrenador italiano Arrigo Sacchi. Es una definición perfecta que bien podría trasladarse a las pantallas cinematográficas. Al igual que el balompié, el cine ofrece relatos de distracción, pasiones desbordadas y una catarsis colectiva capaz de hacernos sentir lo ajeno como propio. Por ello, con el Mundial en marcha, resulta inevitable evocar aquellos títulos que han decidido mirar más allá de la cancha, retratando historias donde el balón es el pretexto para hablar de nostalgia, crudo realismo o auténtico terror.

El viaje inicia con el optimismo clásico de Hollywood en Escape a la victoria (1981), dirigida por el legendario John Huston. El filme reunió a un elenco de ensueño: un Sylvester Stallone en pleno auge tras  las dos primeras entregas de Rocky, el icónico Michael Caine y el gran Max von Sydow, compartiendo plano con leyendas de la cancha como Bobby Moore, Osvaldo Ardiles y el mismísimo Rey Pelé. La cinta se inspiró libremente en el trágico y real «Partido de la Muerte» de 1942 celebrado en Kiev de la Ucrania soviética, donde prisioneros de guerra del FC Start (equipo formado en su mayoría por jugadores del Dínamo de Kiev) desafiaron a las fuerzas de ocupación de la Alemania nazi. Huston dulcificó la tragedia histórica para convertirla en una épica de resistencia moral a través del deporte.

Del heroísmo comercial saltamos al drama desgarrador del Medio Oriente con el cortometraje Baghdad Messi (2012), dirigido por Sahim Omar Kalifa. En medio del estruendo bélico de Irak, un niño con la camiseta del Barcelona y una pierna amputada se aferra a un desvencijado televisor para ver jugar a Lionel Messi. Esta coproducción entre los Emiratos Árabes Unidos y Bélgica nos recuerda que, en los entornos más espinosos del planeta, el fútbol deja de ser un espectáculo de masas para convertirse en el último bastión de  la esperanza, la resiliencia y la alegría infantil frente al dolor. Por cierto, en el 2023 se estrenó la versión de esta en historia en largometraje.

Del heroísmo al drama, el balón también salta a los terrenos del horror. Así lo demuestra la película argentina 1978 (2024), de los hermanos Luciano y Nicolás Onetti. Cruzando el trasfondo histórico con los elementos más descarnados del gore, la trama nos traslada a la noche en que la selección albiceleste se coronaba campeona del mundo frente a Países Bajos. El largometraje utiliza la metáfora cinematográfica para incomodar al espectador, desenterrando el auténtico terror civil que se vivía en los centros clandestinos de detención de la dictadura militar del general Jorge Rafael Videla. Es el retrato incómodo de una era donde los gritos de auxilio de los desaparecidos fueron ensordecidos por los gritos de gol en las tribunas del Estadio Monumental.

Capturar la adrenalina pura de una jugada en el área chica es una tarea casi imposible para la ficción; la magia del estadio es irreplicable. Pero, el gran mérito de estos realizadores ha sido comprender que el verdadero drama ocurre fuera de las líneas de cal. Desde la tragedia más descarnada hasta la esperanza más luminosa, el balompié sigue siendo el espejo más fiel de nuestra propia humanidad.

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