Opinión
Resistencia a los antibióticos
César Peña *
Desde hace años, los humanos requerimos mayores dosis de antibióticos para curarnos, desde entonces la ciencia médica vaticinaba que los virus y bacterias se fortalecerían de manera natural y progresiva.
La Organización Mundial de la Salud considera la resistencia a los antimicrobianos una de las 10 principales amenazas para la salud pública mundial. Si no se controla, podría hacer que infecciones comunes y procedimientos médicos rutinarios vuelvan a representar un alto riesgo para la vida.
Aunque ya se anticipaba esta evolución bacteriana, esto de ningún modo significaba que el cuerpo humano se debilitaba, sino que las bacterias desarrollan mecanismos para sobrevivir a los medicamentos diseñados para eliminarlas. Como resultado, infecciones que antes eran fáciles de tratar pueden volverse difíciles o incluso imposibles de curar.
Según explican los especialistas, existe un origen multifactorial detrás como el uso excesivo de antibióticos cuando no son necesarios, la automedicación, la suspensión de tratamientos antes de tiempo, el uso indiscriminado de antibióticos en la ganadería y la acuicultura, la mala higiene y control de infecciones en hospitales.
Si bien las bacterias pueden intercambiar genes de resistencia entre ellas, incluso entre especies diferentes, la resistencia se desarrolla por selección natural: sobreviven las bacterias más resistentes y se multiplican como diría Darwin.
Cada vez aparecen menos antibióticos nuevos debido al alto costo y la complejidad de su desarrollo por lo que enfermedades como la neumonía, la tuberculosis, las infecciones urinarias, la gonorrea, entre otras, se están complicando en su tratamiento.
Como consecuencias las hospitalizaciones son más largas y los tratamientos más costosos, traduciéndose en mayor riesgo de complicaciones y muerte. Así, cirugías y tratamientos como quimioterapia o trasplantes se vuelven más riesgosos, ya que dependen de antibióticos eficaces para prevenir infecciones.
Ante este fortalecimiento de las bacterias y virus, existe una respuesta de la ciencia médica como no tomar antibióticos sin receta médica, no exigir antibióticos cuando se tiene gripe o resfriado, ya que estos son causados por virus y los antibióticos no funcionan contra ellos y completar siempre el tratamiento prescrito, aunque los síntomas desaparezcan antes.
Además, sugieren no compartir medicamentos ni guardar sobrantes para otra ocasión y mantener al día las vacunas y practicar una buena higiene para prevenir infecciones.
Para ayudar a evadir el poder bacteriano, los científicos buscan nuevos antibióticos en microorganismos del suelo, océanos y ambientes extremos; investigan el uso de bacteriófagos (virus que atacan bacterias) como alternativa terapéutica y desarrollan herramientas de inteligencia artificial para descubrir nuevas moléculas antimicrobianas.
La verdadera amenaza no es que los antibióticos dejen de funcionar de un día para otro, sino que poco a poco nos acerquemos a una era en la que una infección común vuelva a ser potencialmente mortal. Preservar su eficacia es una responsabilidad compartida entre médicos, gobiernos y ciudadanos.
- Escritor, periodista, economista y divulgador de la ciencia.




